En el panorama mediático español, Mediaset España se erige como uno de los gigantes audiovisuales, controlando canales como Telecinco, Cuatro y Divinity. Detrás de su éxito comercial, sin embargo, se teje una red de conexiones políticas que han marcado su trayectoria, especialmente con gobiernos del Partido Socialista Obrero Español (PSOE).
Mediaset España, integrada en el grupo multinacional MFE-MediaForEurope (controlado por la familia Berlusconi), ha experimentado cambios significativos en su cúpula directiva en los últimos años. Tras la fusión con su matriz italiana en 2023, la compañía ha mantenido una estructura que combina ejecutivos locales con influencias del grupo europeo.
- Cristina Garmendia Mendizábal, presidenta no ejecutiva desde mayo de 2024. Bióloga y empresaria, Garmendia es una figura clave con un pasado político destacado. Fue ministra de Ciencia e Innovación en el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero (PSOE) entre 2008 y 2011. Su nombramiento se interpretó como un «guiño» al actual Gobierno de Pedro Sánchez, consolidando alianzas institucionales. Garmendia también preside la Fundación Cotec para la Innovación, un puesto que ha compatibilizado con su posición en Mediaset.
- Alessandro Salem, consejero delegado (CEO) desde enero de 2023. De origen italiano, Salem asumió el cargo junto a Massimo Musolino tras la salida de Paolo Vasile, el histórico CEO. Salem se encarga de la dirección estratégica y operativa, enfocándose en contenidos y publicidad. Bajo su mando, Mediaset ha reestructurado su oferta para adaptarse a la era digital, integrando plataformas como Mitele.
- Massimo Musolino, CEO de Gestión y Operaciones hasta su jubilación prevista para marzo de 2026. Musolino, con más de 24 años en el grupo, ha sido un pilar en la gestión financiera y operativa. Su salida marca el fin de una era de continuidad italiana en la compañía.
Otros directivos notables incluyen a Francisco Moreno, director de Informativos desde 2023, quien proviene de un entorno político canario ligado al PSOE. La junta directiva de MFE, la matriz, está presidida por Fedele Confalonieri y cuenta con Pier Silvio Berlusconi como CEO del grupo, hijo del ex primer ministro italiano Silvio Berlusconi, cuya influencia se extiende a las operaciones españolas.
Estos líderes han navegado por crisis de audiencia y reestructuraciones, pero su éxito radica en parte en las relaciones institucionales que han cultivado.
Desde su fundación en España (inicialmente como Telecinco en 1990), Mediaset ha mantenido vínculos con el poder político, adaptándose a los cambios de gobierno. Sin embargo, sus conexiones con el PSOE han sido particularmente consistentes y estratégicas, especialmente en periodos de gobiernos socialistas.
Era Zapatero (2004-2011): Durante este tiempo, Mediaset se benefició de reformas audiovisuales que favorecieron la concentración mediática. Cristina Garmendia, como ministra, impulsó políticas de innovación que indirectamente apoyaron a empresas como Mediaset en su expansión digital. Además, la compañía adquirió Cuatro en 2010, una operación aprobada por el Gobierno socialista, consolidando su duopolio con Atresmedia.
Gobierno de Pedro Sánchez (desde 2018): Las relaciones se han intensificado. En 2022, tras la salida de Paolo Vasile (visto como más alineado con la derecha), la llegada de Salem y Musolino coincidió con un giro hacia contenidos más neutrales o incluso afines al Ejecutivo. La salida de Borja Prado como presidente en diciembre de 2023, tras tensiones internas, se interpretó como un ajuste para mejorar las relaciones con Moncloa. Prado, cercano al PP, fue reemplazado por Garmendia, una exministra socialista, en un movimiento calificado por medios como «consolidación de la pinza mediática» de Sánchez junto a Prisa y RTVE.
Francisco Moreno, el nuevo director de Informativos, es otro ejemplo: su trayectoria en Canarias lo vincula a éxitos electorales del PSOE, y su llegada supuso un cambio en la línea editorial, con mayor cobertura favorable al Gobierno. Además, presentadores como Jesús Calleja (de Volando Voy) mantienen amistades personales con Sánchez, como se evidenció en 2014 cuando el entonces diputado participó en su programa y forjaron una relación cercana.
Estos lazos no son casuales. Mediaset ha rechazado contenidos críticos con Sánchez (como un documental sobre su vida en Moncloa en 2024) y ha evitado confrontaciones directas, priorizando audiencias masivas y publicidad institucional. En un contexto de polarización, la compañía ha equilibrado su programación para no alienar al poder en turno, especialmente bajo gobiernos del PSOE.
El pasado 11 de febrero, durante una comparecencia en el Congreso sobre el accidente ferroviario de Adamuz, Pedro Sánchez sorprendió al mencionar directamente a Iker Jiménez. El presidente acusó al presentador de Horizonte y Cuarto Milenio de «desinformar», «generar odio», difundir «bulos» y «dividir a la sociedad», comparándolo con las tácticas del PP. «Incluso Iker Jiménez tiene audiencia; hay gente dispuesta a creer cualquier cosa», dijo Sánchez, en un discurso que rápidamente se viralizó.
Jiménez respondió esa misma noche en su programa, invitando a Sánchez a debatir: «Me extraña y me agrada que le dé esta importancia; quiere decir que nos ve». Lejos de dañar al programa, el incidente catapultó sus audiencias: Horizonte registró uno de sus mejores datos recientes, atrayendo a espectadores curiosos por la polémica.
Dado el contexto de las relaciones entre Mediaset y el PSOE, este «ataque» parece más una farsa calculada que un conflicto real. Con Garmendia al frente –una figura cercana a Sánchez– y una historia de alineamientos, es plausible que la mención buscara generar revuelo mediático. En lugar de censurar, el Gobierno podría haber visto en esto una oportunidad para elevar el perfil de Jiménez, cuya programación en Cuatro (parte de Mediaset) mezcla misterio, actualidad y controversia, atrayendo a un público amplio. El resultado: más audiencia para el canal, beneficiando económicamente al grupo sin romper puentes políticos.
En resumen, los máximos responsables de Mediaset España, como Garmendia y Salem, encarnan una tradición de pragmatismo político, con lazos profundos al PSOE que han asegurado estabilidad y crecimiento. El episodio con Iker Jiménez no hace sino reforzar esta dinámica: lo que se presentó como un ataque no fue más que un impulso publicitario disfrazado, demostrando cómo los medios y el poder se retroalimentan en España.

