lunes, febrero 2, 2026
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El pelotazo de Acento donde socialistas y populares se reparten el botín

Este lunes hemos tenido conocimiento de un movimiento que huele a oportunismo y a intento desesperado por borrar huellas: la consultora ACENTO Public Affairs, ese nido de exministros y lobistas del bipartidismo español, ha sido vendida al gigante francés Havas. Fundada en 2019 por José «Pepe» Blanco (PSOE) y Alfonso Alonso (PP), Acento superó los 10 millones de euros en facturación en 2025, gracias a sus conexiones privilegiadas con el poder político. Pero detrás de esta transacción, valorada en torno a los 30 millones de euros, se esconde una red de escándalos que involucra a figuras clave del PP y el PSOE y que pone en evidencia el podrido sistema de puertas giratorias en España.

Acento no es una consultora cualquiera: es el epítome del «PSOE-PP S.A.», un lobby que recluta a ex altos cargos de ambos partidos como Elena Valenciano (PSOE) o Miguel Ángel Villanueva (PP) para vender influencia al mejor postor. Esta venta a Havas, anunciada justo cuando las sombras de los escándalos se alargan, parece más un borrado de rastros que una operación comercial legítima. Fuentes independientes sugieren que Blanco y Alonso están «desligándose» de Acento en un momento crítico, tras el caso Ábalos-Koldo y las conexiones con Marruecos. Pepe Blanco, exministro de Fomento y mano derecha de Zapatero, ha sido vinculado a la «trama marroquí» del PSOE, esa red de entreguismo que ha vendido intereses españoles por parcelas. ¿Recuerdan el giro de Sánchez reconociendo la soberanía marroquí sobre el Sáhara? Ahí huele a influencia de lobbies como Acento, con sus tentáculos en Rabat y sus exministros como José Bono implicados en los audios del caso Koldo.

Empecemos por lo más evidente: el hijo de Esteban González Pons, eurodiputado del PP y uno de los rostros más cínicos del partido, ha estado vinculado a Acento desde sus inicios. Esteban González Guitart fue apoderado de Acento Asia SRL (creada en 2020 con socios chinos ligados a Zapatero), miembro del consejo asesor y beneficiario directo de las redes de influencia de la consultora. Este joven, que ya había representado a Gazprom (la megaempresa rusa) en España con solo 25 años, encarna el nepotismo descarado: un «hijo de» colocado en puestos de privilegio gracias al apellido paterno, mientras su padre critica la corrupción ajena en Bruselas.

Sin embargo, el verdadero eje del escándalo es Pepe Blanco, el auténtico artífice de Acento y uno de los políticos más cuestionados del PSOE. Blanco inició estudios de Derecho y los abandonó sin terminar la carrera. Nunca obtuvo un título universitario relevante; su formación se limitó a EGB y Bachillerato en un instituto público, más algunos cursos esporádicos de «dinámica de grupos», «técnicas de organización» y «comunicación política». Con esa escasa preparación académica, escaló hasta ser vicesecretario general del PSOE, ministro de Fomento y ahora millonario lobista. ¿Cómo? Vendiendo influencia acumulada en el poder, no conocimiento ni méritos reales. Blanco ha sido señalado en el caso Koldo-Ábalos como posible «jefe de la red de influencias» para contratos en Transportes, con vínculos a Marruecos y audios comprometedores que apuntan a tramas de corrupción durante la plandemia. Su consultora, Acento, ha sido vinculada a esas mismas redes: asesorar a clientes mientras se repartían fondos públicos y se gestionaban favores. Vender la empresa ahora, justo cuando las sentencias del caso Ábalos-Koldo se acercan, parece un pelotazo final para embolsarse millones y desligarse de posibles pruebas incómodas.

Al lado de Blanco, Alfonso Alonso representa la hipocresía del PP en estado puro. Exministro de Sanidad con Rajoy, licenciado en Filología y Derecho (al menos él sí terminó algo), Alonso presidía Acento y se beneficiaba del mismo sistema de puertas giratorias que critica Feijóo cuando le conviene. Su presencia en la firma, junto a exdiputados populares como Elena Pisonero o Miguel Ángel Villanueva, demuestra que el PP no es ajeno al «PSOE-PP S.A.»: ambos partidos usaban Acento para colocar a sus expolíticos y cobrar por influir en decisiones públicas.

Esta operación, valorada en torno a los 30 millones de euros, no es un negocio legítimo: es el último capítulo de un sistema podrido donde exministros sin apenas estudios (como Blanco) o con trayectorias mediocres (como Alonso) convierten sus contactos en fortunas privadas. Havas, filial de Vivendi, se lleva el paquete completo: oficinas en Madrid, Barcelona y Bruselas, más de 50 profesionales y una red de influencias que incluye al hijo de González Pons y las sombras del caso Koldo. Mientras tanto, los españoles pagan las consecuencias de un bipartidismo que ha mercantilizado la política.

(Por Lourdes Martino)

Es buen momento para recordar este vídeo: SOSPECHOSA EMPRESA CON LA QUE TODO ENCAJA 

 

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