miércoles, febrero 11, 2026
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El hombre que mató a Liberty Valance, hoy

Por Alfonso de la Vega

Muchos forofos del partido de extremo Centro lindando con las zurdas según se mira están que muerden porque los rebeldes de VOX les están fastidiando el guateque y así no hay manera de ligar ni llevarse a la chica. Consideran una vergüenza que se obstinen en no celestinear y mantengan ciertos principios de orden moral o al menos de decoro cívico y político. 

Hubo un tiempo en que los apólogos mostraban grandes enseñanzas. Quizás por eso Satanás quería eliminar el Arte, pero como resulta raro que la gente quiera renunciar a él, para eludir esta infeliz circunstancia y como escarmiento ideó la cría de titiriteros estabulados y los premios Goya. Ahora bien, en el Cine clásico cabe encontrar verdaderas obras de Arte que además de entretener ofrecen enseñanzas dignas de consideración.

El hombre que mató a Liberty Valance es una famosa película del Oeste, pero cuando ya el Oeste estaba en decadencia. Una obra maestra dirigida por John Ford en 1962 y protagonizada por John Wayne y James Stewart. Narra la historia de Ransom Stoddard (Stewart), un moderado abogado institucionalista que llega a un pequeño pueblo y se tiene que enfrentar al despiadado forajido Liberty Valance (Leee Marvin). La tensión crece y Stoddard se ve envuelto en un conflicto entre los ideales de justicia o de la ley y la realidad de facto preñada de violencia.

El senador Stoddard regresa junto a su esposa Hallie (Vera Miles) a un pueblo donde veinticinco años antes comenzó su carrera política. El motivo de su regreso es el funeral de Tom Doniphon (Wayne), un hombre apenas ya conocido para los habitantes del lugar, pero que en su época fue protagonista de un episodio capital que un nostálgico Stoddard empieza a relatar: El “flashback” empieza con el asalto a la diligencia en la que viajaba, perpetrado por la banda de Liberty Valance, un miserable forajido al servicio de un grupo de poderosos y corruptos que gozaban de una cierta impunidad. Dado por muerto tras la brutal paliza, el joven e idealista abogado fue rescatado por Wayne y se recuperó gracias a los cuidados de Vera, quien en aquel entonces mantenía una relación sentimental con Wayne.

Bajo la protección del rudo Tom y su ayudante Pompey, Stoddard intentó integrarse en la comunidad colaborando con el periódico local, y tratando de imponer la legalidad en un Oeste donde reinaba la ley del más fuerte. Sin embargo, la constante presencia de Valance y sus abusos pusieron a prueba sus ideales, y los acontecimientos llevaron inevitablemente a un duelo. Contra todo pronóstico, Stoddard logró matar al forajido, ganándose el corazón de Hallie y convirtiéndose en el héroe del pueblo, que lo postuló por aclamación como candidato al Congreso. Cuando su oponente lo acusó de haber construido su reputación solo por haber matado a un hombre, Stoddard estuvo a punto de renunciar. Fue Tom quien lo convenció de seguir adelante y aceptar la candidatura. Aunque triste y decepcionado por haber perdido a la mujer que amaba, le confesó que, en realidad, había sido él quien mató a Valance, disparándole desde la sombra un instante antes de que el forajido pudiera hacerlo. Le había salvado la vida y de algún modo a este hecho también se debería luego la prosperidad del pueblo ya libre del tirano.

Creo que este gran relato puede inspirar una reflexión sobre el problema político español en especial sobre las relaciones entre el PP y VOX y la mejor forma de abordar el problema de la actual tiranía sanchista. 

El PP actual no dejaría de estar seducido por los logros del bandolero e incluso dice buscar gente un poco más presentable de su banda. No obstante, VOX está recibiendo muchas presiones para coaligarse y apuntalar un gobierno del PP. En realidad, de ser sinceros, VOX está más alejado del PP que el PP de PSOE, su socio en Bruselas, ambos en contra de las formaciones patrióticas europeas. De modo que dentro de ciertos límites y objetivos predeterminados sólo cabría un gobierno de concentración, que no de coalición. Es decir, fuerzas reconocidas muy distintas e incluso opuestas pero que se asocian de modo temporal para combatir juntos a un enemigo peligroso mientras dure este. Algo que debe tener carácter excepcional y como tal debe reconocerse. Pero, de hecho no lo entiende así, sino como otra fuerza afín socia en Bruselas y a la que procurar alternancia aquí. Se resiste a aceptar la verdadera condición de Valance y su banda.  

Siendo piadosos en el sentido de presumir sinceridad en los actores, cabe identificar en esta alegoría fordiana los remilgos centristas pusilánimes del PP con la contundencia de VOX en las figuras del senador centrista y del rudo vaquero, respectivamente. Ambos se disputan los favores de la guapa dama, Vera Miles, que puede asimilarse al electorado.

Para luchar contra el bandido la acción contundente que prospera es la de Wayne, quien evita a las bravas que el senador centrista sea asesinado por el empoderado bandolero, disparándole él primero. De modo paradójico con su acción pierde los favores de la heroína y potencia la carrera política de su rival. Sin embargo, para la opinión no esclarecida el senador pasará por ser el auténtico hombre que mató a Liberty Valance. El propio editor del periódico local le confiesa que la verdadera historia nunca será publicada, porque “en el Oeste la leyenda siempre prevalece sobre la realidad”. 

Parte sustancial del problema actual de España es el discurso secuestrado, la dificultad para dar a conocer ideas que no convienen al tinglado. Unamuno lo tenía claro: No tanto leyes cuanto personas, nos hace falta; no ideas sino hombres. Lo semejante engendra a lo semejante; las ideas no hacen más que ideas, sólo los hombres hacen hombres. Lo que ocurre es que el instrumento con que los hombres hacen hombres son las ideas, y que sin hombres no hacen ideas las ideas. La palabra es el gran ariete contra el caciquismo y el despotismo, como lo es la prensa. Con ella el espíritu público toma conciencia y cuando hay conciencia pública el despotismo se debilita.

Lo de la prensa parece ser que ya ha pasado a la historia. Queda el Arte y la Palabra. Leyenda, realidad, ¿Cómo acabar mejor con el sanchismo?

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