En un intento por aparentar distancia y rectitud, el Rey Carlos III de Inglaterra ha emitido un comunicado oficial respecto al escándalo que envuelve a su hermano, el ex Príncipe Andrés (ahora conocido como Andrew Mountbatten-Windsor), quien ha sido detenido este jueves, justo el día en que cumple 66 años, en medio de una investigación que apunta, entre otros delitos, haber facilitado información confidencial del Gobierno británico al pederasta Jeffrey Epstein.
El mensaje, publicado a través del canal de la casa real británica y difundido en las redes, busca proyectar una imagen de cooperación con la justicia y dedicación al deber. Sin embargo, viniendo de un monarca con un historial personal plagado de polémicas morales, este comunicado suena más a una maniobra de relaciones públicas que a una genuina preocupación por la verdad.

Esto es lo que dice el comunicado: « He recibido con la más profunda preocupación las noticias sobre Andrew Mountbatten-Windsor y la sospecha de conducta indebida en un cargo público. Lo que sigue ahora es el proceso completo, justo y adecuado mediante el cual este asunto se investiga de la manera apropiada y por las autoridades correspondientes. En esto, como he dicho antes, cuentan con nuestro apoyo y cooperación totales y de todo corazón. Permítanme declarar claramente: la ley debe seguir su curso. Mientras este proceso continúa, no sería correcto que yo comente más sobre este asunto. Mientras tanto, mi familia y yo continuaremos con nuestro deber y servicio hacia todos ustedes. Charles R.»

Este texto, con su tono formal y mesurado, podría impresionar a algunos como un ejemplo de liderazgo responsable. Pero analicémoslo con ojos críticos: ¿realmente puede el Rey Carlos posicionarse como un defensor de la justicia y la moralidad cuando su propio pasado está lleno de sombras que lo desacreditan por completo? Primero, recordemos su actitud hacia la que fue su esposa, la Princesa Diana. Durante su matrimonio, Carlos mantuvo una relación extramatrimonial con Camilla Parker Bowles (ahora Reina Consorte), que culminó en uno de los escándalos más bochornosos de la monarquía británica. En una conversación telefónica filtrada en 1989, conocida como el «escándalo Tampax», Carlos expresó deseos explícitos y vulgares, diciendo que deseaba ser el tampón de Camilla para estar siempre «dentro de ella». Este episodio no solo reveló una infidelidad crónica, sino una falta de respeto y empatía hacia Diana, quien sufrió públicamente las humillaciones de un matrimonio roto.
Pero lo más grave, y lo que realmente hace que este comunicado apeste a hipocresía, es la estrecha amistad que Carlos mantuvo con Jimmy Savile, uno de los pedófilos más notorios de la historia británica. Savile, un presentador de la BBC que abusó sexualmente de cientos de víctimas, la mayoría niños, era un invitado habitual en el Palacio de Buckingham. Carlos no solo lo consideraba un amigo cercano, sino que le pidió consejos sobre asuntos familiares y públicos, intercambiando cartas afectuosas donde lo llamaba «mi querido Jimmy». Savile incluso pasó Navidades con la familia real y fue condecorado con honores por su «servicio». Tras la muerte de Savile en 2011, sus crímenes salieron a la luz, revelando un monstruo que operaba bajo la protección de las élites.Y aquí viene el detalle que no se puede ignorar: Savile aparece mencionado en los archivos de Jeffrey Epstein, el infame traficante sexual de menores cuya red involucraba a poderosos como el propio ex Príncipe Andrés. Aunque Savile falleció antes de que el escándalo Epstein explotara por completo, su nombre en esos documentos subraya las conexiones tóxicas de la élite británica con círculos de abuso. ¿Coincidencia? Difícil de creer, especialmente cuando el Rey Carlos, que ahora clama por «el curso de la ley», nunca ha rendido cuentas por asociarse con un depredador conocido. Que no se haga el inocente; su amistad con Savile no era secreta, y la gente no olvida cómo la monarquía protegió a figuras como él durante décadas.
(Por Lourdes Martino)

