domingo, febrero 1, 2026
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Donde no hay publicidad pues…

Por Alfonso de la Vega

“Hay que ser grandes como personas para poder ser grandes como servidores públicos.” (Liliana, hija de una de las víctimas del descarrilamiento, en el funeral)

La situación se está poniendo tan problemática para la continuidad del ruinoso régimen borbónico que en medios de la derecha cortesana, complaciente y apesebrada se está perpetrando una incipiente campaña para tratar de excitar en lo posible la menguante fe monárquica. Fe significa creer en lo que no se ve y en efecto ni se ve ni se espera buscando con un candil en pleno día como Diógenes que el rey haga nada bueno por España y los españoles. A la tópica fe del carbonero, o en las ventajas siempre futuras del pertinaz socialismo propias de los forofos de la PSOE, es preciso añadir la inquebrantable fe de los cortesanos más adictos en las ocultas virtudes de la monarquía. Un fanatismo y extravío moral digno de mejor causa y al que ninguna noticia desengaña.

Pero no deja de ser curioso que allí donde el relato alabancioso oficialista de los media de manipulación masiva permite comentarios, de modo mayoritario los lectores se despachen a gusto contra la figura real y aún peor contra Su señora y de paso también sobre el obcecado autor del panfleto ditirambo fervorín. Bien es verdad todo hay que reconocerlo que también se cuela algún que otro pastelero alabancioso dado que siempre queda algún forofo recalcitrante que aunque no se nutra del fondo de reptiles permanece inasequible al desaliento y siga defendiendo lo indefendible.

La desgracia para la pertinaz cortesanía alabanciosa consiste en que por mucho que traten de disimularlo el desempeño real es la mayor garantía para el creciente desapego hacia la Corona y sus imprudentes y frívolos beneficiarios por parte de la gente común. No, no se puede hacer peor, o si se puede sin duda cada vez resulta más difícil. Para colmo, en vez de procurar mantenerse a una prudente distancia, algún alma «caritativa» ha debido convencer a Su Majestad que es un agudo filósofo y orador extraordinario de modo que en los últimos tiempos aumenta la frecuencia de sus discursos a cada cual más imprudente o estupefaciente. Cuando el tinglado ceremonial de la gota fría valenciana don Felipe dijo que había que investigar los hechos y sacar consecuencias. En cambio, tas el último desastre mortal de su reinado, el descarrilamiento de dos trenes, pontificó muy puesto en razón que esto de los accidentes son cosas que pasan agravadas por la casualidad de que los trenes se cruzaron. Ni investigaciones ni consecuencias que el desastre lo habría originado la corrupción de los nuestros.

En efecto, una de las características más notorias de este lamentable desempeño es su querencia zurda que ya ni siquiera se molesta en disimular. Sin embargo, el socialismo ateo, antiespañol, históricamente incurso en toda clase de delitos, representa una absoluta incompatibilidad ideológica e histórica con la Monarquía española tradicional. Sabemos que Su señora es afín al socialismo ateo más radical y en consecuencia lo contrario de lo que cabría esperar del arquetipo de una reina no ya católica sino siquiera virtuosa. Una incoherencia lamentable le permite utilizar el privilegio reservado a las reinas católicas de vestirse de blanco en las audiencias papales pero luego se niega ostensiblemente a santiguarse en un funeral por las víctimas de la corrupción de las instituciones.

Pero no termina de entenderse bien esa disposición a lo que parece un suicidio asistido. Incluso gentes leales antes muy allegadas no disimulan su preocupada perplejidad por el cometido real. En un reciente discurso en la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas el que fuera jefe de la Casa Real, Jaime Alfonsín, aseveró delante del propio don Felipe que la constitución se incumple de manera reiterada y sistemática bajo su reinado, lo que pone en evidencia el mal desempeño de Su Majestad de sus juradas obligaciones como garante constitucional. Y tras alertar del futuro de la Monarquía también propugnó una reforma para recuperar lo recuperable.

Rodeado en la Casa real de socialistas y rojos declarados don Felipe parece comportarse como la víctima de una secta destructiva que para aumentar su poder busca que se imponga entre sus miembros el llamado síndrome disociativo atípico. Para ello se aísla a la víctima de su entorno familiar y de amistades para evitar que nadie le asesore o advierta del penoso y devastador camino emprendido al hacerles adoptar el nuevo credo o perversión sectaria. Aislado de familiares, amigos o de quienes le puedan aconsejar leal y certeramente va dando tumbos, cercado, desacreditando con cada nueva ocasión su prestigio personal e institucional, que en el caso de la Monarquía por su propia singularidad van unidos.

Ojalá no fuese así pero ante el observador más lúcido y avisado hoy la Corona formaría más parte del problema de España que de su solución.

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