domingo, febrero 1, 2026
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De oscuridades y cancelaciones

Por Alfonso de la Vega

“Obscurum per obscurius, ignotius per ignotius”

Vivimos malos tiempos para el Pensamiento, la Cultura, el debate de Ideas, la comparación serena y enriquecedora entre diferentes visiones del mundo y del hombre. Un tiempo en el que por desgracia la contundente estaca suple al Verbo luminoso. El tiempo de un Estado fallido y peligroso como es el borbónico actual.

Lo acabamos  de comprobar una vez más con la suspensión del debate sobre la guerra civil que había organizado Pérez Reverte. Hordas del rojerío ignaro de los que embisten cuando se dignan usar de la cabeza, han amenazado con una violenta noche de cuchillos largos, y el escritor murciano ha renunciado a seguir con los actos previstos. El miedo es libre desde luego y no todo el mundo tiene vocación o hechuras de héroe pero la barbarie se crece cuando no se le opone. Y es deber moral en estas circunstancias de que quien pueda hacerlo por su posición o prestigio, lo haga. Sin embargo, la pasión dominante, lo que reina en el presente degradado reino filipino es el fanatismo, el sectarismo, la ignorancia zarrapastrosa para satisfacer los más bajos instintos del populacho protagonista de esta despreciable oclocracia coronada. No importan la Verdad ni la Razón sino el Poder de avasallar.

Uno de los desertores y amparadores del boicot al acto es un personaje que se supone sabe leer y escribir pues acaba de ser agraciado con un sustancioso premio de narrativa. Nuestro gran Cervantes ironizaba sobre la realidad de los premios literarios: “pero dígame vuesa merced: ¿qué versos son los que agora trae entre manos, que me ha dicho el señor su padre que le traen algo inquieto y pensativo? Y si es alguna glosa, a mí se me entiende algo de achaque de glosas, y holgaría saberlos; y si es que son de justa literaria, procure vuesa merced llevar el segundo premio, que el primero siempre se lleva el favor o la gran calidad de la persona; el segundo se le lleva la mera justicia; y el tercero viene a ser segundo, y el primero, a esta cuenta, será el tercero….”

Hablando de luz y oscuridad a la gente acaso pasa de estas cosas porque piensa que hay otras muchas más importantes de las que ocuparse.  Pero se trata de entender el papel fundamental del símbolo en la civilización y la Cultura. En realidad, si se usa el término símbolo de modo preciso debemos distinguirlo del signo con el que muchas veces se confunde. Un signo es un sustituto o una representación de algo real, mientras que el símbolo expresa un hecho psíquico que escapa a ser formulado de acuerdo con algún código cerrado de interpretación biunívoca o racionalmente definible. El símbolo habitualmente tiene la capacidad de conmover, de mover emociones. La Cultura es un sistema de símbolos que afectan la psicología profunda del hombre..

Entre nosotros modernamente Carlos Bousoño en su Teoría de la expresión poética lo explica en relación con la poesía u otras formulaciones literarias. San Juan de la Cruz llena su prodigioso Cántico de expresiones simbólicas excepto la última lira en la que un extraordinario poeta como él se vería incapaz de mostrar su experiencia mística inefable.

Perdidos entre las sombras de la censura y la ignorancia necesitamos recobrar poetas y lenguajes oscuros. Si hemos citado antes a Bousoño en estos oscuros tiempos mal preñados de memorias desmemoriadas de botarates enmucetados, cabe recordar al poeta José Ángel Valente. Para los estudiosos o experimentadores del lenguaje, la poesía y la mística, la obra y la figura de Valente están preñadas de ideas, imágenes y sugerencias. Porque el doble exiliado paisano del mártir Prisciliano sostenía que “toda experiencia extrema del lenguaje tiende a la disolución de éste”. Jubilado de su oficio ginebrino del pane lucrando, Valente no regresó a su Orense natal sino que se fue a esperar la Luz suprema a la remota Almería, solo cercana cuando se dobla el mapa.

Valente fue el poeta, el estudioso del Verbo y de la respiración que nos armonizan con los ritmos ocultos del Universo, demiurgos desconocidos que hacen posible la Vida. En 1955 se fue de España “porque era todavía un lugar difícilmente respirable. Se iba uno en esa época por cuestiones de ritmo respiratorio”. José Ángel se fue a su trastierro, que se constituyó en la escritura: “Creo, en efecto, que la escritura es la palabra propia del ausente”. Hoy con el despotismo rojo también la respiración se hace dificultosa.

Ausentes sino ya cegadas para las nuevas generaciones amaestradas en la ignara estupidez posmoderna han quedado las viejas fuentes de cultura y la filosofía españolas donde bebió Valente. Junto a los místicos cristianos los manantiales cegados de los voluntariosos buscadores a través de la Cábala sefardita o del retorno a la Unidad de los místicos del Islam español, de ese mundo de la Voluntad o de la Cosa en sí de los filósofos, antecesores de algún modo del hispanista Schopenhauer. El Ibn Gabirol de “La creación se asemeja a la Palabra”. El Abentofail de “Es parte de la ciencia oculta, que no alcanzan sino aquellos que conocen a Dios”. El Ibn Arabí paisano de Pérez Reverte y autor de “Sabed hermanos que el Verdadero Dios es la Existencia, que no tiene formas ni límites, que, a pesar de eso, aparece y se manifiesta en toda su gloria con formas discernibles”.

Cervantes une Poesía con la Virtud: ¿Qué ciencias ha oído? La de la caballería andante que es tan buena como la de la poesía, y aún dos deditos más. Dos deditos más, el secreto de todos los secretos. El Uno in-manifestado cuya Palabra perdida buscan todas las tradiciones religiosas. El punto de encuentro de La Piedra y el centro buscado también por Valente. El mismo que aparece en la cartografía ocultista de la Divina Comedia: la Poesía con Virgilio alcanza hasta las puertas del Paraíso, territorio del alma apenas conocido, donde moran las damas de caballeros o poetas como Beatriz y Coral. También el mismo que intuía el pequeño gran maestro Juan de Yepes, toda ciencia trascendiendo.

Si el lenguaje se complica aún más, burlando el código, causa emociones o a veces un extraño estremecimiento. Góngora nos enseña que cuando amanece el sol pace estrellas en campos de zafiro. Y al otro lado del mar su aventajada alumna Sor Juana Inés de la Cruz en su raro poema gongorino Primero Sueño aún oscurece más la luz del eclipse, el mundo de las tinieblas triunfantes que parecen enseñorearse del universo. Pero ese efecto es pasajero. Tarea solar es superar el eclipse o el dominio de las sombras, como la del poema iluminar la conciencia tras la oscuridad de un tropo o una imagen.

Si en verdad el Arte tiene un valor de arma contra la desesperación o incluso a favor de la redención humana conviene recordar este mensaje de poetas iluminados y despiertos. Y más ahora que nos encontramos en la sima del famoso Kali yuga, en lo más oscuro de la edad de las sombras. Una triste época que Pérez Reverte en esta ocasión no ha acertado a combatir. Detrás de la historia expresada con hechos siempre hay una idea espiritual, moral, agazapada u oculta en el lenguaje que debe ser identificada y descifrada en libertad.

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