jueves, febrero 19, 2026
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Bill Gates tiene que cancelar su discurso en la India acorralado por los archivos de Epstein

Bill Gates, envuelto en el escándalo Epstein, abandona la cumbre de IA en la India. La decisión de Bill Gates de retirarse de la cumbre de inteligencia artificial en la India, organizada por el gobierno de Modi, no sorprende a nadie que haya seguido el rastro de sus controvertidas amistades.

El multimillonario, cofundador de Microsoft y autoproclamado filántropo global, ha cancelado su discurso principal apenas horas antes de subir al escenario, alegando que quería «garantizar que el enfoque permanezca en las prioridades clave de la cumbre». Pero la realidad es mucho más turbia: los archivos recientemente desclasificados sobre Jeffrey Epstein han vuelto a poner en el foco sus repetidas reuniones con el depredador sexual convicto, un vínculo que Gates ha intentado minimizar como «un error» relacionado solo con filantropía. ¿Error? Más bien una mancha indeleble que cuestiona su credibilidad como figura pública, especialmente cuando se presenta como salvador del mundo a través de su fundación.

Gates no es precisamente un santo benefactor; es un magnate que ha construido un imperio de influencia bajo el disfraz de la caridad. Sus lazos con Epstein, documentados en correos electrónicos, fotos del «filántropo» con menores y reuniones que se extendieron años después de la condena del financiero por delitos sexuales, revelan una red de poder donde los poderosos se protegen mutuamente. Mientras Gates predica sobre innovación y equidad global, su historial personal apesta a hipocresía y a algo mucho más turbio y deleznable.

Retirarse de la cumbre no es un acto de humildad; es una huida cobarde ante la presión pública, que ha crecido desde que el Departamento de Justicia de EE.UU. liberó más evidencias en enero. ¿Cuánto más tiene que salir a la luz para que el mundo deje de idolatrar a este «filántropo» con agenda propia?

Y aquí entra en escena una conexión que avergüenza a España: Pedro Sánchez. Hace apenas unos meses, en septiembre de 2025, el presidente del Gobierno recibió el premio Global Goalkeeper de la Fundación Gates, un galardón que Bill Gates le entregó personalmente en Nueva York, alabando el liderazgo de Sánchez en aumentar la ayuda al desarrollo y el «multilateralismo», palabra de moda que repiten como loros los ministros y hasta los Letizios reales. Sánchez, por su parte, se pavoneó con el reconocimiento, y varios ministros socialistas del PSOE no dudaron en presumir en las redes de este «logro» como si fuera un triunfo nacional. Pero ¿a qué precio? El Gobierno español ha destinado cientos de millones de euros de dinero público a iniciativas vinculadas a la órbita de Gates, como el aumento del 30% en contribuciones a GAVI (130 millones de euros para 2026-2030) y un 12% más al Fondo Global contra el SIDA, Tuberculosis y Malaria, ambos fuertemente apoyados por la fundación del multimillonario. En total, más de 400 millones de dólares desde que Sánchez llegó al poder.

Esto no es filantropía; es un intercambio dudoso. Sánchez critica a los «tecno-oligarcas» en discursos grandilocuentes, pero acepta premios y canaliza fondos públicos hacia redes influenciadas por uno de ellos. ¿Coincidencia que el premio llegue tras donaciones millonarias de las arcas españolas? Parece más bien un trueque donde el dinero de los contribuyentes españoles sirve para pulir la imagen de Gates, mientras España sufre recortes en servicios esenciales. Los ministros socialistas, en su afán por aplaudir al jefe, ignoran el hedor ético: presumen en redes de un galardón financiado indirectamente por nosotros, sin cuestionar los lazos tóxicos de su benefactor.

Lo que Gates debería hacer es devolver ese dinero a las arcas públicas españolas. España no necesita premios comprados con fondos estatales para legitimar su acción exterior; necesita líderes que no se arrodillen ante magnates con pasados oscuros. Gates, con su retirada de la cumbre india, demuestra que su imperio filantrópico se tambalea.

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