En una decisión histórica, Donald Trump ha firmado un memorando presidencial que ordena la retirada inmediata de Estados Unidos de «66″ organizaciones y tratados internacionales, dedicados en su mayoría a promover la agenda del supuesto «cambio climático» que, durante décadas, ha servido de excusa perfecta para crear un gigantesco aparato burocrático global, derrochar miles de millones de dólares de los contribuyentes y asfixiar la economía real con regulaciones absurdas.
Entre las bajas más sonadas figuran la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (UNFCCC) —el tratado de 1992 que sustenta todo el tinglado de las cumbres COP y el Acuerdo de París—, el Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC) —ese grupo de «expertos» que ha inflado alarmismos para justificar su propia existencia—, la Agencia Internacional de Energías Renovables (IRENA) y otros entes como ONU Océanos, ONU Agua o la Alianza Solar Internacional.
Así lo ha anunciado la Casa Blanca en su cuenta oficial de X:
«No más despilfarro de dólares de los contribuyentes en agendas globalistas. Estados Unidos ABANDONARÁ 66 organizaciones en total (35 no ONU, 31 ONU) que ya no sirven a los mejores intereses del país.»

Estados Unidos se convierte así en el primer y único país que abandona formalmente la UNFCCC, un mazazo definitivo al multilateralismo climático que tantos y tantos han utilizado para imponer su ideología globalista.
La Casa Blanca lo tiene claro: estas organizaciones «ya no sirven a los intereses nacionales», promueven «agendas globalistas e ideológicas» y representan una carga financiera y regulatoria intolerable para la industria energética estadounidense, especialmente los combustibles fósiles que siguen siendo la columna vertebral de la prosperidad real.
Trump ha ido más allá de su salida previa del Acuerdo de París (efectiva el 27 de enero de 2026) y ha decidido cortar de raíz este entramado de chiringuitos que, bajo la bandera del clima, han servido para enriquecer a ONGs, burócratas y lobbies verdes mientras perjudican a la clase trabajadora.
El fin del chollo: se les acaba el negocio a los «globa-listos»
Esta retirada masiva es un golpe mortal al gran timo climático. Durante años hemos visto cómo se han creado infinitos foros, paneles, fondos y programas que consumen recursos públicos para generar informes alarmistas, justificar subvenciones millonarias a energías intermitentes y castigar a los sectores productivos con impuestos y prohibiciones. Todo ello mientras China e India siguen construyendo centrales de carbón a ritmo récord sin que nadie les moleste. El «cambio climático» ha sido la coartada perfecta para un nuevo orden mundial donde unos pocos deciden cómo debe vivir el resto, siempre con el dinero de los demás.
Y aquí entra en escena Teresa Ribera, una de las voces más estridentes en la crítica a Trump. La exministro española de Transición Ecológica —ahora vicepresidente de la Comisión Europea para una «Transición Limpia, Justa y Competitiva»— ha salido a lamentar la decisión, afirmando que «a la Casa Blanca no le importa el medio ambiente, la salud ni el sufrimiento de las personas» y que valores como «la paz, la justicia, la cooperación o la prosperidad» no figuran entre sus prioridades.
Pero vamos a recordar algo tremendamente importante: Ribera fue la responsable directa, como ministro, de la Confederación Hidrográfica del Júcar y de la gestión de cuencas durante la catástrofe de las inundaciones en Valencia de octubre de 2024, que dejó más de 230 muertos. Su ministerio paralizó obras clave como las del barranco del Poyo por «problemas medioambientales» y falta de presupuesto, priorizando la ideología ecologista sobre la seguridad de las personas. La CHJ, bajo su mando, falló en alertas oportunas y en el mantenimiento de cauces, mientras ella se dedicaba a vender la agenda verde en Bruselas. El Tribunal Supremo la libró de responsabilidad penal, pero la negligencia política y la dejadez en infraestructuras hidráulicas —sacrificadas en nombre del «respeto a la naturaleza»— contribuyeron directamente a la tragedia.
Ahora, la misma Teresa Ribera que no supo (o no quiso) proteger vidas en Valencia se atreve a dar lecciones morales a Trump. Es el colmo de la hipocresía: mientras ella y sus colegas europeos siguen aferrados a políticas que destruyen empleo, encarecen la energía y dejan a la población vulnerable ante eventos extremos, Trump opta por la soberanía, la economía real y el sentido común.
Con esta medida, Trump no solo libera a Estados Unidos de cargas innecesarias, sino que envía un mensaje claro al mundo: el cuento del cambio climático está desnudo. Los «globa-listos» han perdido su principal financiador y su mayor altavoz. Se les acaba el chollo, los viajes a las COP, los fondos interminables y la capacidad de imponer su dogma sin rendir cuentas.
Mientras Europa y sus burócratas lloran por la «cooperación global», Estados Unidos elige prosperar con energía barata. El planeta no se va a acabar por esto; lo que sí podría acabarse es el negocio de quienes han convertido el miedo climático en su modus vivendi.
Mientras tanto, aquí en España, figuras como Sánc-hez, Yolanda Díaz o los Letizios reales, en cuanto tienen la mínima ocasión repiten como loros los palabros «multilateralismo», la «sostenibilidad» o el «cambio climático». Así nos va…
(Por Laura González)

