A los magistrados del T. Constitucional, de la Audiencia Nacional y de todos los Tribunales Superiores de Justicia, si cometen un delito, los juzga el T.Supremo… y a los magistrados del Supremo también.
Esto quiere decir que si, por milagro, en la instrucción sus colegas y amigos no cometen un «error judicial» que cause la nulidad de las actuaciones, y con ella la impunidad del delincuente magistrado, el penado podrá, con razón, solicitar la nulidad de la sentencia condenatoria, porque los magistrados que la dictaron deberían haberse abstenido de juzgar a su colega, de acuerdo a lo dispuesto en el art.219.16* de la Ley Orgánica del Poder Judicial.
Asunto resuelto.
Esto significa que, aunque cometiesen el delito más grave y flagrante, como un asesinato alevoso y con ensañamiento, a la luz del día y delante de numeroso público, que incluso saliese emitido por televisión en directo, no irían nunca a la cárcel.
Ni siquiera podrían ser sancionados disciplinariamente por el Consejo General del Poder Judicial con la separación de la carrera judicial, porque el asesinato no es falta disciplinaria de los jueces.
En conclusión, si los miembros del más alto tribunal con competencia penal de España gozan de IMPUNIDAD ABSOLUTA, lo único que les impide delinquir es su propia moral Y ELLOS LO SABEN.
El problema es que tengo pruebas de que no la tienen, luego cualquier delincuente que pueda pagar el precio que le pidan, tiene igualmente garantizada su impunidad.
¿Recuerdan ustedes la «doctrina Botín»?
Pues eso.
La corrupción generalizada, como la que sufre España, es imposible sin impunidad, y la impunidad sólo la garantizan los jueces, y muy particularmente los del Supremo, que además gozan de ella.
Quien hace la ley hace la trampa, y quién conoce la ley conoce la trampa.
Resumiendo, que la máxima responsabilidad de la podredumbre corrupta de España la tiene el máximo tribunal con competencia penal de España, y mientras no cambien esas condiciones, no sé limpiará de verdad el sistema.
Estimados compatriotas, tenemos un arduo trabajo por delante.
O ponemos manos a la obra, o estamos perdidos.
Para empezar yo ya he denunciado a 14 magistrados del Supremo ante el CGPJ, por la falta disciplinaria muy grave de no abstenerse cuando deberían haberlo hecho, y he pedido su separación.
Se trata de la multa que me impusieron, y estoy pagando todos los meses, por haber denunciado a su colega y amigo, el presidente de la sala penal del propio T.S., Sr. Marchena.
Fiat iustitia ruat caelum.

