Por Alfonso de la Vega
Marco Tulio Cicerón sostenía que “debido a que nada es más hermoso que conocer la verdad, nada es más vergonzoso que aprobar la mentira y tenerla por verdad.”
Este criterio creo que merece ser tenido en consideración cuando se intenta averiguar qué es lo que hay de cierto en algunos sucesos históricos de gran importancia moral, institucional y práctica.

Pero existen momentos históricos en que la Verdad está en desuso sustituida por la Mentira y la propaganda. El infante don Juan Manuel, sobrino del rey Alfonso x el sabio, dedica a esta cuestión uno de sus más famosos apólogos de la colección de El Conde de Lucanor, El árbol de la mentira sobre cuyas frondosas ramas florecían toda clase de indeseables. La verdad permanecía oculta entre sus raíces hasta que un glorioso día se levantó y apareció a la luz derribando el siniestro árbol de la mentira y a todos los maleantes que habían prosperado bajo su protección.
En este grave momento histórico de España parece que la mentira domina todo, o casi todo. Lo llevamos comprobando durante los últimos años al menos durante el reinado de don Felipe debido a muchas razones.
Pero a veces surgen fogonazos de la Verdad. Afortunadamente las críticas de los familiares y amigos de las víctimas y la justa indignación popular han obligado a suspender la mascarada que los socialistas del PSOE y PP con la complicidad real querían perpetrar como un “funeral laico”, una contradicción en términos, según unos, «masónico» según otros. Esto último es dudoso porque según se puede leer en sus manuales publicados los masones creían en la inmortalidad del alma. Un acto que se pretendía perpetrar en Huelva con motivo de un supuesto homenaje a las víctimas del desastre ferroviario de Adamuz. En realidad el mejor homenaje a las víctimas sería hacerles justicia descubriendo y castigando como se debe a los culpables directos e indirectos de estas muertes. Y tratando de evitar en lo posible que estas cosas vuelvan a suceder. Al menos por las mismas causas.
Además del obligado pésame mi más sincera felicitación a los deudos de las víctimas por su entereza y valentía al rechazar esta encerrona, en lo que dadas las circunstancias poseería las características de una burla. Pues un funeral tiene sentido si se cree en el espíritu y en la inmortalidad del alma. No entre ateos. Ni menos organizado por los presuntos responsables. Y sin filtros para evitar incidencias, debe estar abierto a todos los que deseen orar por el alma de los muertos y acompañar a sus familias.
Otro sabotaje a la conciencia y libertad religiosa, escandaloso, lamentable, es el perpetrado por los que impidieron el acceso a los sacerdotes que habían ido a dar los últimos auxilios espirituales a las víctimas. Una canallada denunciada por el obispo de Córdoba que bien pudiera ser calificada incluso de anticonstitucional al vulnerar el derecho a la libertad religiosa pero que muestra de nuevo en manos de qué gentes tan crueles y desalmadas nos encontramos.
En vez de homenajes publicitarios o exculpatorios dejemos a los amigos y familiares que lloren a sus muertos, recemos por sus almas y mejor que el gobierno de Su Majestad se dedique a trabajar para evitar nuevos siniestros y nuevas víctimas. Y en lo ya sucedido a tratar de conocer la verdad y poner ante la Justicia a los presuntos responsables. No creo que lo hagan. Atendiendo a otros precedentes es probable que empleen el aparato del Estado para tergiversar y eludir sus responsabilidades que caerán sobre el que menos se pueda defender. No controlan la baza italiana que es de suponer no querrá cargar con responsabilidades que no le correspondan. Pero al menos no habrá la burla ignominiosa de otro cursi e incoherente “funeral laico” perpetrado por aquellos que además de presuntos cómplices en arrebatar las vidas de los que tienen que defender también perjudican sus almas.
En vez de homenajes publicitarios o exculpatorios dejemos a los amigos y familiares que lloren a sus muertos, recemos por sus almas y mejor que el gobierno de Su Majestad se dedique a trabajar para evitar nuevos siniestros y nuevas víctimas. Y en lo ya sucedido a tratar de conocer la verdad y poner ante la Justicia a los presuntos responsables. Todo menos la burla ignominiosa de otro cursi e incoherente “funeral laico” perpetrado por aquellos que además de cómplices en arrebatar las vidas de los que tienen que defender también perjudican sus almas.

Existen muchas moralejas además de la sentencia de Cicerón de la vergüenza tomar la mentira por verdad ya que también puede ser peligroso: a la luz del pasado histórico de España nunca pasa nada hasta que pasa como en los famosos motines de Esquilache, El Escorial o Aranjuez. Un Estado contra la nación más pronto o más tarde tendrá que recurrir a la represión violenta cuando al actual letargo se desvanezca y la gran mayoría tome conciencia de lo que pasa.

Ni tampoco sería la primera vez que los Borbones tienen que huir a la frontera por sus muchas traiciones y felonías: Carlos IV y su hijo; la regente Cristina de Nápoles y luego su hija la prodigiosa niña Isabel, su nieto Alfonso XIII, incluso ahora, de alguna manera, el desterrado emérito origen del actual régimen.

