Por Alfonso de la Vega
El culebrón venezolano con el espectacular secuestro de uno de los principales villanos por el poli bueno también nos ha mostrado entre otras cuestiones la inanidad política e intelectual, la inopia geoestratégica de gran parte de la derecha estabulada borbónica. Incluso el mismo don Felipe, siempre tan cumplido y políticamente correcto, no sabía a quién dirigir su felicitación por lo acontecido. ¿Al emperador? ¿A las corporaciones petrolíferas gringas? ¿A los compinches colaboradores íntimos de Maduro por tener a uno menos con que compartir el botín? ¿O a la señorita Delcy, la misteriosa maletera, ascendida por el emperador a gran jefaza de la satrapía? De modo que el pobre no sabía qué hacer cuando recordó el famoso exhorto de su augusto padre emérito al fantoche bolivariano: “¿Por qué no te callas?”.
Entretanto Mr Rubio, visir imperial para las colonias, ya ha manifestado que está encantado de comunicarse con tan ilustre prócer. Nuestro gozo en un pozo. Sin embargo, es gente asaz retorcida y resabiada que sabe por su peligrosa experiencia revolucionaria que donde las dan las toman de modo que la mantenida ascendida a presidente constitucional de la dictadura bolivariana tampoco termina de verlo del todo claro. Y de ahí sus dulces arrumacos: “Donald, mi cielo, ¿a dónde te llevo las maletas? De modo que habría abogado por que le permitan acudir a la ayuda, asesoría e intermediación de ZP; su íntimo amigo y correligionario, distinguido maestro reconocido en toda clase de mañas y socaliñas. Otro fiasco para nuestra despistada derecha.
Y es que prescindiendo de su dramatismo más allá de la anécdota todo este culebrón venezolano muestra la inopia e incoherencia de una gran parte de la casta política y opinión pública españolas deformada por unos media tergiversadores que parecen ignorar los problemas de la geoestrategia. Entretenidos con los graves problemas del reino pese a la nefasta influencia de la UE nos vemos como una isla autónoma o ajena a todo y no atendemos la peligrosa y cambiante situación internacional. Los buenos y los malos van mudando de roles y alianzas como en el 1984 de Orwell, sin que nuestros próceres como el famoso tonto de la linde se vean capaces de percibirlo. Sí, existen ingenuos que creen que Trump ha «liberado» Venezuela. Pero al emperador a falta de oro para soportar un nuevo patrón oro lo que le interesa es el petróleo y los petrodólares, el que los papelitos verdes sin valor que imprime con fruición la Reserva Federal tengan el apoyo de un activo tan necesario como el petróleo, sin energías renovables ni cursiladas o supercherías de ese jaez. Por este motivo, está actualmente interesado en los países petroleros como Venezuela, Nigeria e Irán. Trump quiere asegurar el dominio del dólar como moneda para transacciones de petróleo en todo en mundo y disminuir el riesgo que el yuan chino le pueda presentar como moneda alternativa para su compra y venta en el mundo. Hacerse con el petróleo venezolano viene a ser como llenar las salas acorazadas del «banco central» con nuevos lingotes para respaldar al amenazado billete verde.

Cabe añadir como explicación o marco contextual que en EEUU el globalismo se dividió en dos movimientos: El liberalismo ideológico, el internacionalismo puro (Soros con su «sociedad abierta», wokismo, etc.); adoptado con fervoroso fanatismo por la corrupta UE, que promueve una economía dual, de monopolios y subsistencia, con clases medias menguantes. Y la hegemonía estadounidense directa basada en la OTAN, que pretende proteger su clase media, defendida por los neoconservadores. Ambas tienen sus puntos de convergencia de acuerdo con el deep state, pero la primera insistía en que la principal prioridad era la globalización y la profundización de la democracia liberal en todos los países del planeta, mientras que la segunda en que Estados Unidos controlara directamente todo el territorio de la Tierra a nivel militar, político y económico. MAGA estaría de acuerdo con la segunda en tanto no perjudique su american way of life. En el lado opuesto a los globalistas (tanto los izquierdistas, liberal internacionalistas, como los neoconservadores de derecha), apareció una nueva fuerza, la multipolaridad que rechaza el patrón ideológico del Occidente globalista como proyecto único de civilización y pretende un regreso a las naciones. En su versión ampliada de naciones a civilizaciones diferentes supone también rechazar como modelo universal las tesis de la civilización liberal occidental contemporánea con sus muñidores ocultos. Y en su lugar, cada civilización ofrece su sistema de valores tradicionales ruso, chino, islámico, indio, ¿también la Hispanidad como algo diferente de la cultura anglosajona? Esta fuerza, inicialmente difusa comenzó a contrarrestar la unipolaridad, es decir, la conversión del statu quo ideológico y de poder en un orden internacional con sistema jurídico ad hoc. Una variante reciente de ella es la división del mundo no en naciones más o menos soberanas sino en unos pocos bloques dirigidos por superpotencias con sus áreas de influencia. Occidente, arrumbada la UE; estaría representado únicamente por EEUU.
Ahora nos encontramos en una situación de crisis sino caos, pues se entremezclan y luchan por prevalecer diferentes sistemas de relaciones internacionales poco o nada compatibles. Occidente sigue insistiendo en la globalización y el movimiento hacia un Gobierno Mundial. Se “invita” a todos los Estados-nación a ceder su soberanía en favor de instancias supranacionales. La UE insiste en ser un modelo para todo el mundo en lo que se refiere a borrar todas las identidades colectivas y decir adiós a la condición de Estado nacional en beneficio del gran capital apátrida. En cambio, EEUU, especialmente con Trump, se comporta como la única potencia hegemónica, considerando legal todo lo que redunda en interés de EEUU. Se acaba de comprobar con el ataque a Venezuela. Este enfoque «mesiánico» se opone en parte al globalismo, ignora a la Europa víctima de la UE y al internacionalismo, pero trata de avasallar la soberanía de los Estados por la fuerza. Nuestra clase política y nuestras pretendidas élites parece que no terminan de entender las consecuencias de lo que pasa. En especial, la multipolaridad que sería probablemente la única opción que nos podría sacar del presente marasmo no es defendida por ninguna opción política del régimen borbónico actual.
La conducta del emperador, aunque con logros como combatir la subcultura WOKE o las supersticiones ruinosas del cambio del clima climático climatizable, se encuentra inmersa en el caos internacional con concepciones ideológicas y estratégicas en pugna, no deja de ser altamente errática o contradictoria, aún dentro de su pretendida filiación a MAGA, más teórica que real.

Así, por ejemplo, ataca Venezuela para supuestamente liberar un pueblo de un dictador pero mantiene el régimen nombrando presidente a una de sus peores cabecillas y todo ello mientras apoya al genocida actual de Siria, un terrorista perseguidor de cristianos. Patrocina una de sus «primaveras» en Irán para derrocar a un régimen islámico teocrático chiita mientras cohecha con Arabia Saudita, teocracia sunnita y reputada mecenas del terrorismo yihadista. Bombardea Nigeria con el pretexto de que le preocupan los cristianos perseguidos, pero en cambio no Sudán, donde el cristianismo sufre una persecución mucho más terrible, denunciada por las autoridades eclesiásticas africanas. Mientras dice que quiere frenar el expansionismo ruso, anuncia que pretende adueñarse de la danesa Groenlandia por supuestas razones de seguridad. O quiere apoderarse del canal de Panamá mientras se queja de las apetencias chinas por Taiwan. Confiesa ser íntimo de Netanyahu, no obstante la masacre de Gaza.
No escarmentamos, hay gentes irreductibles a los argumentos o tan siquiera a la simple observación de la realidad libre de prejuicios. Actúan como los perros de Pavlov, con el conductismo automático más lamentable. Si criticas a Trump eres un sanchista o podemita o defiendes al siniestro dictador comunista. Si consideras que no vale todo o intentas averiguar que en verdad hay detrás del guiñol moviendo los hilos eres un peligroso conspiranoico, que estás fuera de la sociedad políticamente correcta y has de ser cancelado. En parte se debe a haber perdido las referencias tanto espirituales o morales como geoestratégicas. Para algunos es el colofón fatal de la Ilustración al haber arrumbado la Tradición. Para otros es su vulneración.

