En una reciente entrevista publicada en el canal de YouTube de Glenn Diesen, el profesor Seyed Mohammad Marandi, académico de la Universidad de Teherán y exasesor del equipo de negociación nuclear de Irán, ofrece una perspectiva detallada sobre los disturbios recientes en Irán. La conversación, conducida por el analista geopolítico noruego Glenn Diesen, explora las raíces económicas y políticas de las protestas, la escalada a la violencia, el presunto involucramiento de potencias extranjeras y el riesgo inminente de un conflicto armado a gran escala.
Marandi comienza contextualizando los eventos como un patrón recurrente en Irán, donde cada pocos años Occidente predice el colapso del régimen, solo para ser desmentido por la resistencia del sistema. Según el profesor, los disturbios actuales se iniciaron a raíz de una depreciación abrupta de la moneda iraní (el rial), que cayó entre un 30% y 50% en un corto período. Esta caída, argumenta, no fue accidental, sino manipulada desde el exterior por Estados Unidos y sus aliados, presionando a los países que intercambian divisas con Irán.
Inicialmente, las protestas en ciudades como Teherán fueron pacíficas y limitadas a unos pocos miles de personas, principalmente comerciantes y dueños de negocios afectados por la inestabilidad económica. Estos manifestantes demandaban estabilización monetaria para evitar la quiebra de sus operaciones. Sin embargo, al segundo día, grupos infiltrados —descritos por Marandi como bien organizados y disciplinados— transformaron las manifestaciones en disturbios violentos. Estos grupos, similares a los vistos en eventos pasados como los de 2018, han cometdido auténticas atrocidades: más de 100 oficiales de policía asesinados, algunos decapitados o quemados vivos; una enfermera incinerada en una clínica; un trabajador de la Media Luna Roja ejecutado; y civiles, incluyendo una niña de tres años, muertos en circunstancias inexplicables.
Marandi enfatiza que la violencia no fue espontánea, sino coordinada, con evidencias de disparos a corta distancia con pistolas y el uso de drogas por parte de algunos agresores. Además, se destruyeron bienes públicos como autobuses, ambulancias, camiones de bomberos y bancos, causando daños masivos en solo tres o cuatro días.
Contrarrestando la narrativa occidental de un régimen al borde del colapso, Marandi destaca las manifestaciones masivas en apoyo al gobierno iraní y su constitución. El lunes siguiente a los disturbios, millones de personas salieron a las calles en ciudades como Teherán, Isfahán, Tabriz y Mashhad para condenar la violencia y respaldar al Estado. En Teherán, describe la multitud como posiblemente la más grande en la historia de la ciudad, compuesta por personas de diversas orientaciones políticas unidas en defensa de la soberanía iraní.
Estas marchas, argumenta Marandi, demuestran la legitimidad del sistema iraní, algo que pocos gobiernos occidentales podrían replicar. Critica a los medios occidentales por ignorar estas imágenes, disponibles en fuentes como Press TV o su propia cuenta de Twitter, mientras amplifican una narrativa de protestas «pacíficas» y masivas contra el gobierno.
Un tema central en la entrevista es el presunto involucramiento extranjero. Marandi acusa a una «red de medios persas» financiada por Occidente —incluyendo cientos de canales de TV, sitios web y cuentas en redes sociales— de invertir miles de millones de dólares anuales en guerra psicológica contra Irán. Menciona específicamente a 3.000-4.000 personas en un campamento en Albania dedicadas a operaciones en línea, junto con bots y ejércitos digitales.
Cita declaraciones de figuras como Mike Pompeo (exdirector de la CIA y secretario de Estado bajo Trump), quien tuiteó un saludo a los manifestantes iraníes y a «cada agente del Mossad caminando a su lado». Similarmente, cuentas en persa del Mossad y funcionarios israelíes han admitido la presencia de agentes en Irán. Marandi vincula estos disturbios a grupos terroristas como ISIS, los Muyahidines del Pueblo (MEK), monárquicos y separatistas kurdos (como Komala), coordinados desde el exterior.
La desconexión de internet en Irán, explica, fue una medida para desarticular esta coordinación, lo que resultó en el colapso inmediato de los disturbios. Esto, afirma, prueba la dependencia de estos grupos de redes externas.
Marandi critica las sanciones estadounidenses como una «presión máxima» dirigida contra civiles iraníes, exacerbando las dificultades económicas. Contrasta esto con la retórica occidental de «apoyo a la libertad», que ve como un pretexto para intervenciones geopolíticas, similar a las vistas en la Primavera Árabe, Libia o Siria, donde los países «liberados» terminaron destruidos.
Enlaza los eventos con el conflicto en Gaza, acusando a Occidente de respaldar un genocidio mientras reprime protestas contra él en sus propios territorios (como arrestos en el Reino Unido o Alemania por símbolos palestinos). Irán, por el contrario, apoya a Palestina sacrificando su propia economía, lo que lo convierte en un objetivo principal para Israel y sus aliados.
La entrevista culmina con una advertencia sobre una posible guerra. Marandi sugiere que los disturbios fueron diseñados para justificar ataques contra Irán, posiblemente inminentes, como insinuó el senador Lindsey Graham. Sin embargo, enfatiza que Irán está preparado: ha desarrollado capacidades militares durante décadas para enfrentaser a EE.UU., incluyendo bases subterráneas de misiles y drones dirigidos al Golfo Pérsico y el Océano Índico.
Predice que un conflicto devastaría la economía global, colapsando los mercados energéticos y afectando a Europa y EE.UU. Menciona aliados iraníes en Irak, Siria y Yemen que atacarían intereses estadounidenses. Irónicamente, los disturbios han unido a la población iraní, fortaleciendo su resolución. Marandi advierte que Irán podría incluso atacar preventivamente si percibe una amenaza inminente.
Marandi concluye que estos eventos siguen un guion repetido cada pocos años, pero el declive occidental podría hacer de este el último intento. Critica el «unipartido» estadounidense, donde figuras como Trump y AOC convergen en políticas imperiales, influenciadas por lobbies sionistas que priorizan a Israel sobre intereses nacionales.
Esta entrevista ofrece una visión desde dentro de Irán, desafiando narrativas dominantes y alertando sobre las graves implicaciones de una escalada.

