viernes, enero 30, 2026
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Se barrunta otra cacicada

Por Alfonso de la Vega

Entre tanta barbarie y humillaciones como nos toca padecer a los españoles bajo el reinado borbónico no se suele prestar atención a cuestiones consideradas de menor importancia pero que sí la tienen y creo que mucha por lo que significan simbólicamente y porque resultan producto del nivel de degeneración en el que chapoteamos y. en consecuencia, reveladoras.

Se está produciendo una polémica en La Coruña causada por la pretensión de un grupo de “docentes”, quizás posibles víctimas de la LOGSE o del galleguismo, que pretenden quitar el nombre de don Ramón Menéndez Pidal a un Instituto de la ciudad natal del eximio escritor y polígrafo, gloria de las zarandeadas y preteridas Letras españolas. Con un pretexto “feminista” aunque eso tampoco queda muy claro. No se sabe si la intención última de la propuesta es homenajear a una figura relevante y bienhechora como fuera Isabel Zendal que participase en la expedición Balmis, una gran aventura filantrópica para vacunar a niños de todo el mundo contra la viruela, o bien simplemente aprovechar la cosa para cargarse la memoria del sabio polígrafo y de paso intentar humillar o ningunear la Cultura española y satisfacer la libido viciosa de nacionalistas y galleguistas de todo pelaje y filiación partidaria. Gentes que suelen disfrutar de una ignorancia supina tanto como para que el pobre don Ramón les suene a “franquista”. Y con esto del galleguismo y la desgraciada y sectaria memoria histórica se pueden perpetrar toda clase de atropellos con el agravante no solo de quedar impunes sino con la ventaja de ponerse medallas al mérito sectario iconoclasta.

Entre las múltiples provocaciones del gobierno frentepopulista está el quitar los nombres de Menéndez Pidal, Ramón y Cajal o de la Cierva a los Premios respectivos, puede que por aplicación de la totalitaria Ley de Memoria histórica. Hay quien dice que es que no saben lo que hacen. Pero quizás sí que lo saben y muy bien. Puede que sea una venganza retrospectiva propia de chusma ignorante semi analfabeta trufada de envidia igualitaria por la obra de tan ilustres próceres de la Ciencia, la Cultura o la Ingeniería. Pero además, don Ramón, don Santiago, o don Juan eran patriotas y tenían sus ideas y muy respetables por cierto sobre España y los españoles.

El que fuera gran alcalde La Coruña, Paco Vázquez, un personaje del que cabe decir como elogio que no parece socialista, que es recordado por propios y extraños no tan solo por sus grandes méritos, sino también porque su figura bienhechora se agranda en comparación con la caterva de inútiles y sectarios posteriores que están destrozando la ciudad, ha publicado un valiente y oportuno texto en defensa de la Razón, o de los méritos de esta figura prócer de la Cultura española que fuera don Ramón. Creo oportuno reproducir algunos de sus párrafos más significativos:

 “Pero lo que resulta del todo improcedente es que el reconocimiento a Isabel Zendal se haga a costa de que su figura incuestionable sirva como coartada para la ignominiosa humillación y oprobio intelectual histórica y personal que implicaría el renegar de la titularidad nominal del centro, paradójicamente académico, de una figura como Don Ramón Menéndez Pidal.

Sorprende que una propuesta de este calado surja del claustro de profesores de una institución educativa, reprobando a una de las figuras intelectuales más importantes, más respetadas y más reconocidas de la cultura española y de la cultura en español de todo el siglo XX. Gran maestro del hispanismo cultural, estudioso del romancero y del origen de nuestra lengua española, Ramón Menéndez Pidal fue el impulsor y director de la Historia de España, una magna obra en 68 volúmenes, iniciada en 1935 y terminada en 2007, considerada la cumbre de la historiografía española.

En el texto citado Vázquez también recuerda su liberalidad y generosa labor de protección de disidentes del régimen. Pero no comenta otra cuestión importante incluso entre su vastísima y monumental obra. Me refiero a la que pudiera interpretarse como una obra menor pero que resulta excelente y contundente mentís a los negerolegendarios. En su biografía del P. Las Casas Menéndez Pidal haría el retrato psiquiátrico del encomendero y fraile sevillano tan poco ilustre. Como bien glosa la romanza de fiel espada triunfadora la milicia se empleó en defensa del derecho y la razón. Para poner “paz y justicia”, llevar la civilización donde antes imperaba la tiranía, el canibalismo o los sacrificios humanos. Según don Ramón el encomendero Las Casas presentaba una «doble personalidad» o «paranoia» caracterizada por su desmedido afán en la defensa de los indios pero con rasgos de locura en sus escritos. Su Brevísima relación de la destrucción de las Indias está llena de imprecisiones, cifras exageradas o imposibles que forman un relato de de terrorífica ficción. que facilitó la  creación de la «leyenda negra» por los enemigos de España.

Para Las Casas la conquista supone un genocidio premeditado. Sus datos de mortandad varían desde los doce a quince, incluso a veinticuatro millones, si se suman los diferentes agregados durante cuarenta años. No tiene en cuenta que la gran mayoría de fallecimientos se producen por causas naturales como la viruela o el sarampión o la falta de adaptación de hombres en estado de naturaleza a la vida ordenada y social. En efecto, aún si “sólo” fueran quince millones, nuestros antepasados habrían de haber matado más de mil indios diarios, incluso domingos y festivos, incluidos bisiestos, cosa que parece asaz difícil, cuando aún no se habían inventado las armas de destrucción masiva. 

Para el nacionalismo gallego de todos los partidos atrincherado en la Xunta, Menéndez Pidal fue un coruñés traidor a la galleguidad oficiosa enmucetada, reo de excesivo castellanismo y que, para colmo, se permitió criticar las falsedades de la leyenda negra introducida por el psicópata de Las Casas a cuya pintoresca y exagerada vida dedicara la muy documentada biografía citada. Tampoco ayudan a ser aceptado por la sectaria y fanática  inquisición marxista progre sus trabajos sobre Los Siete infantes de Lara y su ayo, sacrificados a la violencia del Islam, y cuya historia, tradición y leyenda había estudiado don Ramón. En el precioso cenobio del Suso de San Millán en la Rioja se muestran sus tumbas célebres.

Gran parte, sino toda, de los socialistas y nacionalistas instalados en la lamentable clase política actual al final no resultan ser sino vividores marrulleros o ignorantes más o menos corruptos que disfrutan de las ventajas y privilegios obtenidos manipulando el resentimiento social, la mediocridad, la inexperiencia de la juventud, el sectarismo y la ignorancia de sus supuestos representados. En las antípodas de un hombre de mérito como Menéndez Pidal que intentan ningunear. Pero no dan puntada sin hilo, aunque el hilo sea robado o pagado con nuestros impuestos.   

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