Por Alfonso de la Vega
El comportamiento de Trump mueve a la preocupación mundial. Abducido por delirios de grandeza mesiánica en la peor tradición del violento imperialismo de rapiña USA parece alejarse cada vez más de sus promesas electorales sustituyendo el famoso MAGA por un no menos famoso pero más trágico ¡América über alles! de terribles resonancias hitlerianas, aunque de momento no parece comportarse en público como un energúmeno que necesitase un buen exorcismo como el austriaco.

Para algunos es un problema de falta de preparación moral e intelectual para un cargo de tanta importancia y responsabilidad, para otros de senilidad producto de su edad provecta y demasiado proclive a los cantos de sirena de la adulación. El espectáculo bochornoso de la deshonrada Corina Machado humillándose ante él y regalándole su propio Premio Nobel recuerda las ignominiosas capitulaciones de Bayona de nuestros nefastos Borbones ante el emperador Napoleón. No obstante, hay quien sugiere que se trataría de intentos de tapar sus escandalosas relaciones con Epstein, distrayendo a la opinión pública. Sin olvidar las malas influencias de Netanyahu o su yerno, parece haber abandonado sus impostadas promesas de pacificador mundial para abrir nuevos frentes de inestabilidad y violencia propias de las “pax americanas” ya conocidas y sufridas en Filipinas, Vietnam, Irak, Libia, Siria, Afganistán o Ucrania y quizás ahora también Irán.
Algún historiador entiende que quiere hacer realidad sus sueños de ser como el siniestro presidente William McKinley, que recurrió a un atentado de falsa bandera contra su acorazado USS Maine para iniciar una guerra traicionera contra España. No obstante, McKinley terminaría formando parte de la nutrida lista de presidentes norteamericanos asesinados. Otros le consideran un remedo grotesco de famosos emperadores romanos como Nerón o Calígula quien nombrase cónsul a su caballo Incitatus con la misma naturalidad que Trump presidente encargada de una nación soberana nombrando a la Delcy, anterior lugarteniente del secuestrado presidente venezolano. Ahora amenaza a Irán con otro frente de desestabilización mundial pero lo que ya colma el vaso de la perplejidad lo constituyen sus amenazas a países teóricamente amigos y aliados dentro de la OTAN: ni Canadá ni Dinamarca se libran de sus pasiones anexionistas para crear su lebensraum.
Esta pulsión libidinosa puede producir extrañas consecuencias como terminar con la propia OTAN, puesta en la paradójica tesitura de verse obligada intervenir contra la agresión de la NATO, llevándola a una especie de guerra civil, aunque lo más probable es que quedase en evidencia que la organización no sería en realidad sino una fachada del imperialismo sionista anglosajón con un grupo de comparsas.
Pero si la cuestión tiene una dimensión geoestratégica internacional no deja de tener un componente psicológico que muestra la categoría humana averiada que logra ascender a lo más alto de la cucaña política de la plutocracia norteamericana. En este desorden de cosas, toma nuevo interés un antiguo texto aparecido hace algún tiempo en The New York Times, luego comentado por The Guardian. Se trata de un comunicado de una asociación llamada “Anti-Psychopath PAC” en la que participarían más de doscientos psiquiatras y profesionales de la salud mental alertando que el presidente Trump resultaba peligroso debido a “sus síntomas de trastorno grave e intratable de la personalidad – narcisismo maligno “, que lo hacen “gravemente incapaz para el liderazgo”. De manera que, según estos autores, el magnate republicano es “engañoso, destructivo, iluso y peligroso”.
Según los firmantes Trump exhibe un comportamiento que se sigue con los criterios de diagnóstico del Manual Diagnóstico y Estadístico (DSM) de la Asociación Americana de Psiquiatría para “trastorno narcisista de la personalidad”, “trastorno de personalidad antisocial” y “trastorno de personalidad paranoico”, todo empeorado según ellos por su intenso sadismo, que es un síntoma de narcisismo maligno. Trump muestra un patrón de “irresponsabilidad” y “falta de remordimiento”. También señalaron que han observado miles de horas del comportamiento de Trump, reforzado por las observaciones de docenas de personas que han interactuado con él personalmente. Revisando el citado DSM, se podría comprobar que Trump cumple con los criterios de comportamiento del trastorno de personalidad antisocial. Además, el presidente mostraría un patrón habitual de “mentiras repetidas”, “desprecio imprudente por la seguridad de los demás”, “irritabilidad”, “impulsividad”, “irresponsabilidad” y “falta de remordimiento”. “Como profesionales de la salud mental, sentimos un deber desesperado de advertir a nuestros conciudadanos de este inminente peligro público catastrófico antes de que sea demasiado tarde”. “Nuestro deber ético es advertir el peligro que representa “Trump”.
Habría que ver qué grado de afinidad o incluso militancia en realidad tienen los denunciantes con el Partido Demócrata para intentar valorar su credibilidad y hasta qué punto la denuncia es estrictamente profesional y neutral en lo político. Pero, en todo caso, este aviso de una deriva peligrosa preocupante parecería confirmarse con los últimos acontecimientos a los que estamos asistiendo.
“Los narcisistas malignos han resultado ser los líderes más grandiosos, paranoicos y perniciosos de la historia. Inevitablemente, se intensifican hasta que están completamente fuera de control, destruyendo en última instancia a sí mismos y a las naciones que lideran.”

Tampoco la cosa resulta tan extraña en la historia. “La locura mueve el mundo» nos advertía Fernando Pessoa, pero también como la realidad imita al arte me ha venido a la memoria la famosa obra de Joseph Conrad El corazón de las tinieblas más conocida por la adaptación cinematográfica de Coppola en Apocalipsis now o también en El corazón del bosque de Gutiérrez Aragón. En la novela de Conrad, el protagonista Marlow ha de encontrar al desquiciado y embrutecido Kurr y devolverlo a la civilización, pero éste muere durante el regreso. En las dos adaptaciones cinematográficas citadas, el capitán americano recibe órdenes de eliminar al antes prestigioso coronel Kurr e igualmente el Partido comunista decide lo mismo con su descontrolado y ya contraproducente maquis en España.
La idea de la obra conradiana es que existen poderosos tan desquiciados, tan poco fiables ya, que van por libre, ya no sirven a los amos, ya no son útiles para el plan. Se hace preciso eliminarlos antes de de que provoquen algún desastre descontrolado o fuera del plan inicial.
¿Estaría Trump transformándose en otro peligroso desquiciado Kurr sin olvidar a McKinley?

