Por Alex Díaz
Anatomía de una demolición nacional
España no está en crisis: España ha sido destruida. No por un enemigo exterior en guerra abierta, sino por una operación prolongada, fría y calculada de desposesión de soberanía, vaciado económico y domesticación política. El régimen nacido en 1978 no fracasó; cumplió su función. La función de convertir una nación soberana en un territorio administrado y subordinado.
Nada de lo que hoy padecemos es casual. Todo estaba previsto.
El punto de ruptura no fue la Constitución ni la Transición. Fue el 20 de diciembre de 1973, día en que el almirante Luis Carrero Blanco, presidente del Gobierno, fue asesinado en Madrid. Carrero no era un burócrata ni un político profesional. Era un hombre de Estado, con auténtica sangre española, sangre tipo Blas de Lezo, leal, patriota, soberanista y con una idea clara: España no se arrodilla.

Henry Kissinger el 19 de diciembre reunido con Carrero Blanco Precisamente por eso debía desaparecer.
El atentado atribuido a ETA fue dirigido por Estados Unidos, una operación geopolítica. ETA fue el instrumento apoyado por los yanquis, no el cerebro. El mensaje no iba dirigido al pueblo, sino a las élites del régimen: esto es lo que ocurre cuando no obedeces. El destinatario real fue Franco y todo su entorno.
Con Franco moribundo, el asesinato de Carrero Blanco dejó a España sin cortafuegos. Eliminado el único hombre capaz de garantizar continuidad soberana, el camino quedó libre para la colonización política.
Carrero fue asesinado por no arrodillarse ante Henry Kissinger, por negarse a convertir a España en una plataforma subordinada de intereses extranjeros. Por eso voló por los aires. Literalmente.
La sumisión organizada
Desde los Pactos de Madrid de 1953, España quedó estratégicamente secuestrada. Las bases de Rota, Torrejón, Zaragoza y Morón no fueron fruto de un acuerdo entre iguales, sino de un chantaje: o aceptas nuestras bases o tu régimen cae. Aquello marcó el inicio de la pérdida real de soberanía.
En ese contexto aparece Juan Carlos I, una figura cuidadosamente diseñada. Aunque educado en España, no dejaba de ser un Borbón. Estados Unidos mantuvo contacto
directo con él durante años, moldeándolo, alineándolo, preparándolo. Un rey mantenido por España, pero obediente fuera. Un producto político prefabricado.
Un pollo capón engordado aquí, entrenado allí.
Con Carrero vivo, Juan Carlos habría sido un figurante. Con Carrero muerto, fue la llave maestra para desmontar el Estado sin resistencia.
La España que existía (y que fue liquidada)
En los años 70, España era económicamente viable y estructuralmente sólida. No perfecta, pero soberana.
Datos incómodos:
Deuda pública prácticamente inexistente
Soberanía monetaria (control del Banco de España)
Industria pesada, naval, metalúrgica y automovilística
Sector pesquero líder mundial
Sistema energético propio
Infraestructuras estratégicas (embalses, ferrocarril, obras hidráulicas) Pleno empleo estructural en amplias zonas
Seguridad ciudadana real
España no tenía IVA. No sufría una presión fiscal confiscatoria. La economía productiva era prioritaria frente a la especulativa. El ahorro interno financiaba el crecimiento. El país producía, no importaba masivamente.
Esa España tenía soberanía alimentaria, industrial, monetaria y turística. Eso es exactamente lo que debía desaparecer.
La Transición: la gran estafa
La Transición fue presentada como un ejemplo de consenso, cuando en realidad fue una operación de ingeniería política para desmontar el Estado desde dentro. No fue una transición: fue una transacción.
Juan Carlos I inauguró su reinado entregando el Sáhara español y sometiéndose a Marruecos por orden exterior. Fue la prueba de lealtad definitiva. Superada.
Estados Unidos pactó con Felipe González (Isidoro), facilitando la reconstrucción del PSOE. Al mismo tiempo, antiguos cargos franquistas como Fraga o Suárez se convirtieron en gestores del desmontaje nacional, legitimando al comunismo y blanqueando a personajes responsables de décadas de destrucción.
El resultado fue el Estado de las Autonomías:
17 miniestados
17 administraciones duplicadas
17 sistemas clientelares
Un pozo sin fondo de gasto público
La Constitución del 78: la legalización del fraude
El 27 de diciembre de 1978 se ratificó una Constitución escrita en una logia masónica que no representa al ciudadano. Desde entonces, España no es una democracia representativa, sino una partitocracia.
Hechos:
El ciudadano no elige personas, elige listas cerradas
El diputado no responde al elector, responde al partido
No existe revocación
No existe control
No existe responsabilidad individual
Los partidos controlan:
Las listas
Las carreras
El voto
El ciudadano solo legitima el sistema con su voto cada cuatro años. Nada más. Una farsa legalizada.
La demolición económica: cifras del saqueo
Desde 1983 comienza el expolio sistemático:
Implantación del IRPF y del IVA
Destrucción del tejido industrial
Desmantelamiento del sector pesquero por imposición europea Explosión del gasto público
Hipertrofia funcionarial
Persecución fiscal del autónomo y la pyme
Resultados hoy:
Deuda pública superior al 120 % del PIB
Presión fiscal récord sobre rentas medias
Más de 3 millones de jóvenes obligados a emigrar en 20 años Hundimiento de la natalidad
Dependencia total del exterior
Economía basada en turismo precario y deuda
Las infraestructuras se abandonan. Las carreteras se deterioran. Los trenes descarrilan. ¿Dónde está el dinero? En una estructura elefantiásica diseñada para parasitar, no para servir.
El final del camino
España es hoy un país sin soberanía, sin industria, sin juventud y sin futuro. Un territorio administrado por una clase política extractiva al servicio de intereses ajenos.
Y cuando el sistema ya no puede ocultar su fracaso, se ofrece la “solución final”: la Agenda 2030. No como proyecto de prosperidad, sino como acto de rendición definitiva. Prohibición de la propiedad privada, estabulado de españoles en granjas de 15 minutos y robo total del país.
Ahora vamos a contar parte de los muertos de este régimen:
- Número total de víctimas mortales de los atentados de ETA
La banda terrorista ETA causó al menos 853 asesinatos durante su actividad en España.
- Muertos por el Síndrome Tóxico (Pesticida Orgatiofosforado) por orden directa del estado profundo de Estados Unidos
En 1981, el síndrome disfrazado del aceite tóxico y que fue un pesticida en Roquetas de mar, fumigado en los tomates, afectó a más de 20 000 personas y se estima que causó la muerte de unas 330 personas
- Muertos en los trenes del atentado de Atocha (11-M) Supuestamente también organizado por el Estado Profundo
En los atentados del 11 de marzo de 2004 en los trenes de Madrid, murieron 193 personas.
- Muertos por las riadas de Valencia supuestamente provocado por el estado profundo
En la RIADA provocada de octubre de 2024 que afectó a Valencia y otras zonas, la cifra oficial de víctimas mortales asciende a 224 personas. Pero la cifra real supera con creces las 10.000 personas
- Muertos por el accidente de tren de Málaga / Adamuz (enero de 2026)
En el reciente accidente ferroviario de Adamuz (Córdoba) —tren de alta velocidad que iba de Málaga a Madrid colisionando con otro tren— se han confirmado al menos 40 muertos hasta ahora
- Exceso de muertes desde finales de 2020 y hasta final del año 2025 justo después de la campaña de vacunación masiva para la mayor estafa sanitaria de la historia
Las cifras oficiales ofrecen un exceso de muertos de 127,440 personas, un verdadero genocidio.
Esto no es una crisis coyuntural.
Es el resultado lógico de una traición histórica.

