viernes, enero 9, 2026
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Magdalena del Amo: “No dudaría en retirarle el apoyo a Donald Trump si la operación en Venezuela escondiese fines vergonzosos y oscuros”

El optimismo y la euforia de los primeros momentos tras la extracción del dictador Nicolás Maduro se han convertido tan solo horas después en desesperanza, decepción y críticas al por mayor por parte de quienes esperaban un triunfo por goleada.

El hada madrina del cuento no irrumpió con su varita mágica para obrar el prodigio. En este caso, no se trataba de convertir una calabaza en carroza, sino de algo aún más difícil: teñir de blanco una situación ennegrecida por la sangre, la tortura, la muerte, las lágrimas, el dolor y el sufrimiento  enquistado en el tiempo. Esto no es un cuento, sino las páginas del primer tomo de una obra épica aún en el prefacio, de la cual solo conocemos la sinopsis. No estarían de más unas gotas de moderación, paciencia y reflexión en este cóctel de la espera, que todos, de una manera u otra tenemos servido.

Era previsible que la izquierda mundial, defensora y cómplice histórica de dictadores asesinos y enemiga irracional de Estados Unidos se desgañitara en tribunas improvisadas dando lecciones sobre derechos humanos, libertad y legalidad internacional, denostando a Donald Trump por haberse atrevido a “secuestrar a un presidente legítimo”. Argumento falso. Hasta donde sabemos, el reo no es un presidente legítimo, sino un dictador imputado que perdió las elecciones y usurpó el poder. Eso consta en las actas debidamente custodiadas. Se trata de un falso jefe de Estado como le gusta denominarse; un sátrapa que, con su cúpula gobernante, conforma un grupo criminal denominado Cártel de los Soles, catalogado además como organización terrorista transnacional por el Departamento de Estado de Estados Unidos, y anteriormente por el Departamento del Tesoro. Sobre este personaje sin escrúpulos pesaba una orden de busca y captura, por el que se ofrecía una recompensa de 80 millones de dólares. No se trata de un secuestro, sino de una extracción, para la cual se aplicó la doctrina Bin Laden. Pero el disruptivo “progrerío woke”, aparte de estar acostumbrado a opinar desde el desconocimiento y a repetir falacias, es insensible a los auténticos delitos; y su desequilibrio y deformación son tales, que consideran un acto grave llamarle “gorda” o “tía buena” a una señora, mientras pasan por alto la tortura, el asesinato o mantener a los ciudadanos sin alimentos y medicinas o pagar a cómplices con fondos destinados a ayudas sociales. Son así de predecibles.

Pero lo que nos ha llamado poderosamente la atención es el cambio de opinión de los más moderados, de opciones próximas al centro y a la derecha. Solo un día después, sin conocer más detalles de la intrahistoria de la operación, han echado la lengua a paseo y se han hermanado ideológicamente con sus aparentes adversarios. Pongo como ejemplo a Cuca Gamarra, que estaría mejor calladita, pero no es de extrañar siendo su icono Kamala Harris, antítesis de Trump. Aunque Feijóo tampoco anduvo muy acertado al decir que las cosas no se podían dejar a medias. Debería haberse asesorado con algún experto en inteligencia y estrategia de guerra; o quizá eligió mantenerse en la equidistancia que, dicho sea de paso, no contenta ni a unos ni a otros.

Es cierto que hubo muchas decepciones. Se esperaba que toda la cúpula fuera capturada y no fue así. Se daba por hecho que los auténticos ganadores de las elecciones robadas harían su paseo por la alfombra roja entre aclamaciones de los venezolanos, y mil fantasías más. Tampoco fue así. Las palabras de Donald Trump, lejos de ayudar a esclarecer, más bien crearon confusión, en especial, la falta de unidad entre el discurso del presidente, de Marco Rubio y de varios senadores de Florida a favor de Machado, entre ellos Rick Scott. En fin, se habían creado tantas expectativas que el  descontento popular es la nota de estos días, sentimiento acrecentado por tantos opinantes de medio pelo que de pronto y por arte de magia se han licenciado en Venezuela y cuestiones internacionales. Nos referimos, sobre todo, a los defensores de la política de Sánchez y su equipo de corruptos a quienes tienen que defender para seguir chupando del bote. ¿O es que saben hacer algo más que no sea trabajar para la distopía?

Pero la calma y la reflexión suelen ser buenas consejeras, y si van acompañadas de información fidedigna, mejor. Así, tras la incertidumbre de las primeras horas, las incomprensiones y las preguntas sin respuesta, hemos optado por mantener la calma mientras se van sucediendo los acontecimientos. Es cierto que a primera vista no parecen muy halagüeños, y mucho de lo que estamos viendo no nos gusta.

Hace un par de días tuvimos que asistir a la constitución de la Asamblea, con Delcy Rodríguez como presidenta interina. Jorge Rodríguez ahí sigue como presidente de la Asamblea y Vladimir Padrino López como ministro de Defensa. Diosdado Cabello –quien ya aspiraba a ocupar el poder a la muerte de Chávez, antes de abrir el testamento dictado por Fidel Castro, dejando como sucesor a Maduro– también continúa. Eso sí, desunidos, peleados y mirándose de reojo los unos a los otros. Conocedores de la traición de Delcy, que fue quien pactó la entrega, todos desconfían de todos y están condenados a dormir con un ojo cerrado y otro abierto. Estas grietas internas están contempladas por quienes ahora manejan los hilos.

Por otro lado, el decreto de “estado de conmoción exterior”, firmado por Maduro, por si él caía en desgracia, se ha activado, y en este momento la persecución a los ciudadanos es mayor que antes de la operación. El día de la constitución de la Asamblea interina se ha detenido a más de una docena de periodistas de medios extranjeros, y a los españoles se les ha denegado la entrada al país. Los mil presos opositores aún permanecen en la cárcel, y por lo que nos llega directamente de Caracas, de muy buena fuente, hay tiroteos en las calles y mucha incertidumbre; los colectivos civiles, motorizados y armados, amenazan a los ciudadanos para conseguir delaciones de personas que se manifestaron a favor de la intervención. Están deteniendo y registrando a personas en sus coches y a usuarios que compartieron en redes sociales mensajes a favor de Estados Unidos y a quienes celebraron la captura. En definitiva, se han activado los protocolos de presión ciudadana made in Cuba. La doctrina cubana también se dejó ver en el comportamiento de Maduro a su llegada al centro de detención de Brooklyn entre agentes de la DEA y en el tribunal: altanero, cabeza alta, saludando con un alegre happy new year a diestro y siniestro, mostrando una dignidad regia de persona digna e inocente, como quien no tiene de qué preocuparse porque está limpio o porque su letrado logrará librarlo de la cadena perpetua. Ha quedado claro que tiene fondos suficientes para contratar nada menos que al abogado Barry Pollack, una estrella de los tribunales, con gran experiencia, muy acostumbrado a la negociación con la fiscalía, especializado en “casos imposibles”. Esto no es una buena noticia. Sabemos cómo funciona la Justicia en las alturas.

Con estos datos, casi es lógico pensar que, si Donald Trump tuviera la intención de burlarse de los venezolanos esperanzados y de quienes le dieron su apoyo desde un principio aplaudiendo muchas de sus medidas, no podía haberlo hecho mejor. Dejar al cártel narcoterrorista en el gobierno, con la corrupta y maléfica Delcy, muchísimo más perversa y maquiavélica que el propio Maduro, es como una especie de tomadura de pelo que lo haría merecedor de todos los insultos que le profieren sus adversarios y enemigos. Es lógico sentir que Donald Trump ha decepcionado tras convencer con sus discursos humanitarios de liberación e impresionar con el despliegue del Iwo Jima, el USS Gerald Ford, los B-52, los F-18, los Hornet, misiles, más equipos de guerra electromagnética para bloquear los sistemas de detección enemigos. ¿Toda esa puesta en escena para esto?, se preguntan muchos. ¿Todo esto para que en la “Venezuela libre” esperada se siga deteniendo a los disidentes y se hayan normalizado los tiros en las calles? ¿Toda esta puesta en escena para que, aparentemente, continúe el mismo gobierno y no haya cambiado nada?

No es de extrañar que los defensores de Trump, se muestren ahora críticos por haber revolucionado el avispero, sin solución aparente, dejando las cosas a medias, como dice Feijóo. Es lógico también que se desconfíe de la repetida consigna de acabar con el narcoterrorismo, y la balanza se incline hacia el discurso de quienes dicen que el interés verdadero es el petróleo y dirigir el país a través de los corruptos, sin importarle si hay democracia o prisioneros opositores torturados en las cárceles.

Dicho todo esto, que es la conclusión más fácil y lógica, conviene reflexionar y hacer algunos análisis. Esta situación tan intrincada de un país tiranizado por un régimen podrido durante más de veinte años, dirigido en la sombra por otra dictadura de más de seis décadas, como es la cubana, tiene muchas caras y flecos, unos más visibles y evidentes y otros más sutiles; a la vez que estrategias, puestas en escena e intereses de diferente índole que afectan a distintos ámbitos de la realidad humana, donde confluyen blancos y negros, generosidades, ambiciones y delirios de grandeza, a la vez que memorias de un pasado nostálgico en un mundo en transición a un futuro imaginario de una nueva configuración geopolítica.

En un próximo artículo, ya escrito, abundamos en los pasos positivos  que se están dando en Venezuela, aunque de momento no sean muy visibles y en la superficie dé la impresión de que todo está igual o peor. No es así. Delcy Rodríguez es una prisionera de Estados Unidos a quien no le queda más remedio que cumplir órdenes si no quiere que le ocurra algo peor que a Maduro, como el propio Trump le advirtió y ella entendió.

Entenderán mis lectores que escribo desde la dualidad que somos en esta etapa de la experiencia humana. Aclaro una vez más que en un plano superior, donde no existen fronteras, luchas por la supervivencia ni ambiciones, todos somos hermanos. Pero en este plano existencial, y tal como está configurado el mundo y donde la Maldad con mayúsculas hace horas extraordinarias, no tenemos más remedio que optar por lo mejor o menos malo, sin que esto suponga santificar a ningún líder político.

Mucho ánimo a los venezolanos y a todos los defensores del bien, frente a la hidra comunista wokista mundial que, sin duda, va a ser derrotada.

Magdalena del Amo
Periodista, psicóloga, escritora y editora, especialista en el Nuevo Orden Mundial y en la “Ideología de género”. En la actualidad es directora de La Regla de Oro Ediciones.
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