Tiranizan y acomplejan a los ciudadanos con la falacia del cambio climático y sus sacramentos de bajas emisiones, pactos verdes y huellas de carbono, pero ninguno de los asistentes a la gran feria mundial de Davos llega en patinete; muy al contrario, lo hacen en sus jets privados.
La consigna del cambio climático no significa una realidad, sino un plan contra la humanidad que obedece a un proyecto diseñado de dominio. Es posiblemente la gran estafa de nuestro tiempo debido a sus múltiples ramificaciones, más amenazantes que las serpientes de la górgona Medusa. Lo peor de todo es que, bajo el yugo de los politicastros de turno, la sociedad cree sus mentiras y defiende y sigue al pie de la letra sus imposiciones sin dudar. Es una gran estrategia, porque bajo su epígrafe se puede plantear cualquier ocurrencia transformable en ley o normativa. Y si el eslogan “el cambio climático mata” se integra en el inconsciente colectivo, no habrá marcha atrás y el ciudadano se limitará a obedecer sin cuestionar, así le propongan lo más absurdo, como, de facto, está ocurriendo.
Medidas como la excesiva peatonalización y la prohibición de acceder en coche al centro de las ciudades son contrarias a la libertad que un día no muy lejano tuvimos. Pero, ah, es para controlar la huella de carbono. Partiendo de una premisa falsa se cometen grandes barbaridades. Pero, shhh, hay que callar y dejar que otros piensen por nosotros. “Ellos son los que saben”. El pobre ser humano solo está para cumplir órdenes. ¿Será que el cerebro es un órgano vital de adorno? Tal parece.
¿Cuántos se han sumado a la moda del coche eléctrico por gusto? ¿Cuántos están vendiendo su automóvil en perfecto estado porque no cumple con unos estándares de emisiones impuestos por la tiranía? ¿Cuántos están comprando la baliza del pelotazo, un negociete del corrupto gobierno de España que intentan expandir al resto de Europa? ¿Cuántos se han dado cuenta de que están siendo completamente dirigidos? Es cierto que muchas personas se van concienciando sobre la tiranía en la que vivimos y ya se están rebelando contra tanta imposición. Frases como “ahora no se puede decir nada, todo vulnera los derechos de alguien, todo está prohibido, no hay libertad o vivimos en una dictadura”, se escuchan con frecuencia; pero la gran masa no solo cumple a pies juntillas, sino que se ha convertido en guardiana del absurdo orden al que obedece. Estamos atestados de leyes reguladoras y uniformadoras que hacen la vida cada vez más difícil.
El Foro Económico Mundial de este año tuvo un tono distinto. Algunos han querido adivinar el principio del fin del globalismo y de ese Nuevo Orden Mundial del que venimos hablando en los últimos años, décadas ya. Ojalá fuera así, pero quienes gobiernan las élites que asisten a Davos tienen sobre ellos mandatos de otros que no muestran su cara. No vamos a entrar en este fleco ahora. Pero es cierto que está habiendo muchos movimientos en la nueva configuración geopolítica del mundo. Y este nuevo esquema, nos guste o no, tiene un protagonista indiscutible que puso patas arriba la reunión de Davos de este año eclipsando al resto de participantes: Donald Trump y su corolario de la tesis Monroe.
El discurso de Trump en el Foro fue una repetición de la disertación ante la prensa hace unos días para rendir cuentas de su gobernanza al cumplirse el primer año de su legislatura, o dicho con más precisión como él mismo puntualizó, once meses. Aludió a sus logros, de los que se siente muy orgulloso, entre ellos, haber puesto fin a ocho guerras, afirmación que una parte de la prensa tilda de exagerada. A este respecto conviene matizar; es cierto que se ha avanzado en el diálogo y que ha habido acuerdos de paz importantes, aunque los problemas no se hayan erradicado y los rebeldes sigan haciendo oídos sordos.
Tras rechazar el Acuerdo de París sobre el cambio climático, Trump ha dicho que los mineros en Estados Unidos ya están trabajando en la extracción de carbón. Su política sobre los coches es la libertad: que cada quien elija lo que quiera o pueda: eléctrico, híbrido o de gasolina. No existe en el país americano la paranoia de las emisiones y todo el bulo en torno al tema, que Trump denomina la gran estafa de la historia.
Algo de lo que se siente orgulloso e hizo hincapié Donald Trump es en haber mejorado considerablemente la seguridad ciudadana, que había alcanzado cotas históricas durante la Administración de Joe Biden, al cual acusa de haber llegado al poder mediante unas elecciones amañadas. Cierto. De esto sabemos algo en España. Criticó duramente su política de fronteras abiertas que permitió la entrada de delincuentes, malhechores muy peligrosos, asesinos, capos de la droga, traficantes, terroristas y personas con trastornos mentales. El presidente mostró fotos de algunos de ellos. Diez mil criminales fueron apresados solo en Minnesota, uno de los estados con mayor criminalidad. Por eso dedicó unas palabras a la congresista somalí por Minnesota, Ilhan Omar, que representa a un partido laborista local aliado a los demócratas. Se trata del estado con el mayor número de musulmanes; a los somalíes, en concreto, los acusa de practicar el crimen financiero por encargo. “Son rudos, llegan sin nada y se hacen millonarios”, dijo. Habló de los agitadores profesionales de la calle, que desean el caos y el fracaso de Estados Unidos. ¿Les suena? En España tenemos de esto en abundancia. Presume Trump de haber conseguido controlar las fronteras y asegura que no ha entrado ningún ilegal en los últimos ocho meses. Eso no quiere decir que se rechace a los extranjeros que van a trabajar, sino a los ilegales. De hecho, ha recortado las partidas federales a las llamadas “ciudades santuario”, es decir las que acogen a ilegales que delinquen, aunque desconfía del veredicto del Supremo.
Resaltó haber terminado con la estanflación de Biden, habló del PIB del cuarto trimestre, a punto de superar el 5% de crecimiento, de la reducción del déficit, el recorte del gasto público, la bajada de la gasolina, la reducción del precio de los medicamentos; destacó los miles de negocios que se están abriendo, así como empresas importantes del mundo que están abandonando otros países para establecerse en Estados Unidos, y dio dos docenas más de datos económicos, todos positivos y esperanzadores, “a pesar del estado catastrófico heredado de los demócratas”, recalcó.
Abolición del “wokismo”: en Estados Unidos hay solo dos sexos: masculino y femenino
Pero, más allá de su prepotencia, el orgullo por su país y su agresiva dinámica expansionista, por lo que Donald Trump es más odiado y criticado es por haber desmontado el “wokismo”; y no de manera disimulada, sino abierta y contundentemente, en la teoría y en la práctica. “En Estados Unidos hay solo dos sexos. ¿Adivinan cuáles?”, pregunta el presidente con sorna. “Masculino y femenino. Los demócratas también lo saben, pero se niegan a admitirlo”, expresó.
Se prohíbe el uso de bloqueadores de la pubertad, inyecciones hormonales y otras mutilaciones químicas y quirúrgicas en menores. Asimismo, no se permite que los hombres compitan en grupos femeninos. ¿Recuerdan la polémica con “la” campeona de boxeo argelina, Imane Khelif, en los Juegos Olímpicos de París de 2024? Dejó cao a su oponente a los 46 segundos de combate. Se sentiría muy femenina, pero era un hombre. Esto no ocurrirá en Estados Unidos. Las personas transgénero no serán admitidas en el Ejército. El lenguaje inclusivo no se empleará en los organismos y centros de trabajo, y la ideología de género no se enseñará en los centros de enseñanza y, por tanto, los padres no serán amenazados con la retirada de la patria potestad. ¡Es muy fuerte lo que ocurre en la laicista y decadente Europa! A los baños de mujeres solo podrán entrar las mujeres, y no quienes se sientan mujeres sin serlo. Parece lógico, pero hemos llegado a tal grado de distopía que se hace necesario explicar lo evidente.
También habló de Venezuela que, tras veintiséis años de dictadura bolivariana narcoterrorista se prepara para una estabilización en la que los propios dirigentes chavistas tendrán que destruir el chavismo, siguiendo órdenes de Marco Rubio, supervisados de cerca por la CIA. Después vendrá una transición camino a la libertad. Hasta donde sabemos, esos son los planes, que se prolongan a Cuba y su dictadura de 66 años, el viejo sueño de Marco Rubio. Por lo pronto, ya está entrando dinero en Venezuela, cosa que no ocurría en estos años, en los que los fondos iban directamente a los bolsillos de los dictadores. Y también Estados Unidos está cobrando las deudas por las empresas y propiedades víctimas del “exprópiese” chavista. Decir que a Trump lo que le interesa de Venezuela es el petróleo, y solo el petróleo, es una simpleza mayúscula que indica el desconocimiento del plan global para el hemisferio.
Sobre la Unión Europea no es de extrañar que Donald Trump la considere un proyecto fallido y caduco. Critica su inmigración descontrolada, y con razón, así como haber abandonado sus raíces cristianas. Lo que muchos pensamos y decimos públicamente. ¿A quién sirve la UE? A los ciudadanos no. La UE es una megaoficina, un think tank para elaborar ideas y medidas de manipulación y control. ¿Por qué solo legislan en contra de los ciudadanos y sus intereses? ¿Por qué odian nuestras raíces judeocristianas? ¿Por qué no respetan nuestras creencias y tradiciones? ¿Por qué han permitido que el continente sea invadido por gente de otro lado, de otra idiosincrasia, dispuesta a no integrarse? ¿Quién es Ursula von der Leyen? ¿Quién la votó? ¿Alguien conoce los entresijos de la Comisión Europea? ¿Por qué desde que estamos en Europa todos nuestros recursos y empresas han desaparecido o están a punto? ¿No es la UE un nido de corrupción? Solo los políticos y los plutócratas han mejorado sus condiciones de vida. Ah, y los lobistas. El resto cada vez peor. Si hay referéndum votaré salir. ¡No al globalismo!
Para terminar, el tema Groenlandia que muchos ven tan descabellado es prioritario para Estados Unidos, y se resolverá mejor de lo que parecía. Todo apunta a que hay acuerdos previos con la OTAN, aún no desvelados. Estamos seguros de que Donald Trump conseguirá alejar a Rusia y a China lo más lejos posible, tanto física como a nivel de mercado. El presidente es más anticomunista que Truman y Eisenhower juntos.

