«QUEMADOS VIVOS POR LOS MILICIANOS» – MATANZA EN LA CÁRCEL DE ALMENDRALEJO (BADAJOZ)
La sublevación militar del 18 de julio contra el gobierno provoca la creación de varios frentes en Extremadura, en los cuales destaca Margarita Nelken junto a sus barbáricos electores. La actuación fue tan terrible que Leopoldo Nunes, periodista portugués que entró con las primeras columnas nacionales, escribió:
“Almendralejo, lo supimos después, era un feudo político de Margarita Nelken, que fue diputada en España. Al regresar de su último viaje a Moscú, estuvo aquí largo tiempo. Sembró el odio y la gran sementera fue ésa, que dio largas mieses. En ese monstruo de perversidad no cabe la clasificación de mujer” (O Século, 17-agosto-36.Transcrito en La Matanza de Badajoz, pg. 69).
¿Qué hechos causaron ese comentario? Lo cuenta José Augusto en su crónica de 17 de agosto de 1936 al periódico “Diario de Noticias”:
“Acompañados por el teniente coronel del Tercio, Tella, visitamos, dos compañeros portugueses y un periodista francés, la cárcel de Almendralejo.
…Acaban de echar agua con creolina y otros desinfectantes sobre el empedrado, negro y aceitoso. Un olor pestilente me dio náuseas hasta vomitar. Me cuentan que habían matado a los presos de derechas antes de la llegada del ejército.
-¡Estaban muertos, y que muerte….!
Apiñados, casi sin poder moverse, los detenidos sufrieron insultos, humillaciones y malos tratos. En cierto momento. Algunos verdugos entraron en el patio y escogieron entre los detenidos a aquellos a quien, por su amor a la causa del orden y por su condición, querían distinguir especialmente. Entonces los arrimaron a la pared y los levantaron un poco, algunos pies, por encima de ellos. Los abrieron de brazos y piernas y los crucificaron. A uno o dos los pusieron cabeza abajo. Después mojaron a todos con gasolina. Y, para acabar, les dieron fuego. No escapó ni uno.
En los muros puede verse, aún, para vergüenza de la especie humana, la silueta de los cuerpos crucificados. La sangre y el fuego hicieron una mezcla con las paredes y quedaron marcadas. Se reconocen los brazos y, en otro, la cabeza, que debía haber estado pegada a la pared…» (Diario de Noticias”, 17-agosto-36, transcrito en La Matanza de Badajoz, pg. 68)
Félix Correia, otro de los periodistas portugueses, describía los mismos hechos antes descritos y mencionaba, sobrecogido por tan dantesca escena, a testigos por si fuese necesario corroborar los hechos:
“Estábamos asombrados e indignados….Asistían a esto, tan horrorizados como nosotros, nuestros compañeros Leopoldo Nunes, José Augusto y el periodista francés que escribe para “Le Matin”, Guillaume de Brassy».
Y añadía: “Pero lo que parece imposible, es que haya naciones que, por acción u omisión, estén ayudando a estos bárbaros que avergüenzan a la especie humana, y a sus cómplices de Madrid” (Diario de Lisboa, 18 de agosto de 1936, recogido en La Matanza de Badajoz, pg.69)

