miércoles, enero 7, 2026
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La tomadura de pelo de los fabricantes tras comprarte un carísimo coche nuevo

En un vídeo reciente publicado en YouTube por el canal Nemo Reporter, titulado Tu coche ya no es tuyo (y te explico por qué), el creador comparte una experiencia personal que pone de manifiesto una tendencia preocupante en la industria automovilística: la imposición de suscripciones mensuales o anuales para acceder a funciones básicas de los vehículos, incluso después de haber pagado un precio elevado por ellos. A través de su relato con un Volkswagen Golf GTE recién adquirido, el vídeo critica duramente a fabricantes como Volkswagen, BMW, Stellantis y Hyundai, argumentando que esta práctica no solo es un «engaño» o «robo», sino que también implica la recolección masiva de datos personales y el riesgo de obsolescencia programada.

El vídeo comienza con la frustración del autor al descubrir que, tras pagar 43.000 euros por su Volkswagen Golf GTE en septiembre de 2025, muchas funciones esenciales requieren pagos adicionales. Por ejemplo, los asientos calefactables —instalados de fábrica— solo se activan mediante una suscripción: 9,69 euros al mes, 95,90 euros al año o 305 euros para un desbloqueo ilimitado. Esta revelación llegó a través de la app Volkswagen Connect, y el creador lo describe como una «estafa», ya que el comprador ya ha cubierto los costes de instalación y montaje al adquirir el vehículo.

El autor lamenta que, en el pasado, los extras como techos panorámicos o volantes calefactables se elegían al configurar el coche, adaptándose a necesidades personales (por ejemplo, asientos calefactables en regiones frías como Castilla o los Pirineos). Ahora, en cambio, los fabricantes «socializan» los costes: todos pagan por los componentes, pero solo quienes suscriben pueden usarlos. Esto, según él, transforma el coche en un producto de «software como servicio», similar a Netflix o Spotify, pero aplicado a hardware físico.

El vídeo profundiza en las motivaciones de los fabricantes, citando el informe anual de Volkswagen y su inversión de 14.000 millones de euros hasta 2025 en Cariad, su división de software. El objetivo, según extractos del «Business Model 2.0», es mantener el contacto con el cliente durante todo el ciclo de vida del vehículo, ofreciendo «servicios y funciones personalizadas» disponibles para descarga en cualquier momento. Esto no solo genera nuevas fuentes de ingresos, sino que desplaza el foco del automóvil como producto principal a un ecosistema de suscripciones.

El creador advierte que esta práctica se extiende a todo el grupo Volkswagen (incluyendo Seat, Skoda, Audi y Porsche), y no es exclusiva de ellos. BMW, por ejemplo, intentó implementar suscripciones para asientos calefactables en Reino Unido hace unos años, generando una polémica que les obligó a retractarse en Europa (aunque persiste en EE.UU.). Hyundai ofrece un pack de servicios esenciales (navegación, actualizaciones OTA, llave digital) gratis por 10 años en modelos a partir de 2025, pero después cobra 0,99 euros al mes.

Uno de los aspectos más alarmantes destacados es la recolección de datos. En el caso de Stellantis (propietario de marcas como Peugeot, Citroën, Fiat y Jeep), los términos de uso permiten recopilar información como ubicación, velocidad, distancia recorrida, comandos de voz y mensajes. Estos datos se usan supuestamente para «mejorar productos» o «crear nuevos», pero el autor acusa a las empresas de venderlos a terceros para generar más ingresos. Además, al vender el coche de segunda mano, las suscripciones no se transfieren: el nuevo dueño debe pagar de nuevo.

Peor aún, Stellantis se reserva el derecho a desactivar servicios si la tecnología se considera «obsoleta» en comparación con el mercado. Esto podría dejar el vehículo inoperable en funciones clave, independientemente de su estado mecánico. El vídeo también menciona patentes en EE.UU. para mostrar publicidad en las pantallas del coche (intentadas por Ford y reportadas en Jeep), convirtiendo el salpicadero en un espacio publicitario forzado.

El autor describe molestias cotidianas, como tener que desactivar manualmente asistentes como el aviso de salida de carril o el front assist cada vez que arranca el coche, ya que se reactivan automáticamente y generan alertas intrusivas. En su Golf GTE, incluso tras un mes de prueba, los iconos de funciones suscritas desaparecen si no se pagan.

Como solución, sugiere comprar coches antiguos y repararlos, pero critica las regulaciones gubernamentales (como las pegatinas de la DGT en España) que limitan el acceso a ciudades para vehículos sin etiquetas ecológicas, forzando a los consumidores a optar por modelos nuevos —y suscritos—. Esto, argumenta, es una alianza entre empresas y gobiernos para promover ventas y controlar la movilidad.

El vídeo concluye con un tono pesimista: los fabricantes priorizan ingresos recurrentes sobre fiabilidad, eficiencia o placer de conducción. En lugar de innovar en deportividad o durabilidad, imponen suscripciones, datos invasivos y obsolescencia. El autor urge a los consumidores a informarse y resistir esta «locura regulatoria», advirtiendo que, sin cambios, los coches dejarán de ser propiedad plena para convertirse en servicios controlados por corporaciones.

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