domingo, enero 25, 2026
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Héctor de Miguel (Quequé) anuncia el fin de ‘Hora Veintipico’ en la SER y aprovecha para hacerse la víctima

En un panorama mediático donde la sensibilidad debería primar ante tragedias nacionales, el «humorista» Héctor de Miguel, más conocido como Quequé, ha demostrado una vez más su absoluta falta de empatía y respeto. Su reciente anuncio en X, donde declara el fin de su programa ‘Hora Veintipico’ en la Cadena SER, no es más que un intento patético de victimizarse tras el escándalo generado por su parodia insensible sobre el accidente ferroviario de Adamuz. Este impresentable, que parece deleitarse en cruzar líneas rojas sin miramientos, ha precipitado su propia caída al mofarse de una catástrofe que dejó 45 víctimas mortales y un país en luto.

Recordemos los hechos: el pasado 20 de enero de 2026, en su espacio radiofónico, Quequé montó un sketch bajo el alias de ‘Macho Abad’, parodiando al periodista Nacho Abad y su cobertura del choque de trenes en Adamuz, Córdoba. En un falso set televisivo llamado ‘En boca de bobos’, el humorista satirizó los «excesos» del periodismo sensacionalista, pero lo hizo recurriendo a bromas de mal gusto sobre imágenes «duras» y tragedias con «decenas de muertos». ¿El resultado? Una oleada de críticas merecidas por trivializar un suceso que ha conmocionado a España, donde familias enteras siguen llorando a sus seres queridos.

En su post de despedida en X, publicado el 25 de enero de 2026, Quequé escribe: «Ha llegado el momento de parar. El cuerpo me lo pedía y la mente disimulaba, pero lo acontecido en las últimas horas precipita una decisión que, quien me sufrió lo sabe, llevaba tiempo barruntando». Acompañado de una imagen que resume su «reflexión», el cómico se pinta como una víctima de las circunstancias, alegando agotamiento mental y rechazando ser «ni héroe ni mártir».

¡Qué cinismo! Este texto no es una disculpa sincera, sino un ejercicio de autocompasión que ignora el daño causado. En lugar de asumir responsabilidad, Quequé opta por el victimismo, como si las críticas fueran un complot en su contra y no la reacción lógica ante su conducta irresponsable. No menciona el dolor de las familias de Adamuz, ni reflexiona sobre los límites del humor en temas tan graves. Es puro ego: «No me apetece ser un mártir», dice, como si su carrera estuviera en juego por una «simple» parodia, cuando en realidad es su falta de decencia lo que lo ha hundido.

Este no es un caso aislado en la trayectoria de Quequé. Recordemos sus polémicas pasadas, como cuando fue procesado por bromear con dinamitar el Valle de los Caídos, demostrando que su «humor» a menudo roza lo ofensivo sin aportar nada constructivo. En el caso de Adamuz, va más allá: se trata de una tragedia real, con 45 vidas perdidas en un choque entre un tren de alta velocidad y otro de mercancías, posiblemente debido a fallos en las vías que el Gobierno investiga.

Mientras España debate sobre seguridad ferroviaria y responsabilidades políticas –con acusaciones de negligencia hacia el ministro de Transportes–, Quequé decide que es el momento perfecto para soltar chistes. ¿Dónde está el respeto por los fallecidos? ¿Por los supervivientes traumatizados? Este impresentable parece creer que todo vale en nombre de la sátira, pero olvida que el humor no es excusa para la crueldad.

En resumen, el post de Quequé no es un adiós digno, sino una huida cobarde. Este personaje, que no tiene respeto por nadie –ni por víctimas de accidentes, ni por colegas de profesión, ni siquiera por su audiencia–, merece el ostracismo que él mismo ha provocado. Ojalá esta «pausa» sea permanente y sirva de lección: el humor tiene límites, y cruzarlos en nombre de la provocación solo revela una profunda falta de humanidad. España no necesita más bufones como él en tiempos de dolor colectivo.

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