miércoles, enero 21, 2026

Funerales

Por Alfonso de la Vega

Don Felipe como en una variante siniestra o fúnebre del juego de la oca va empalmando funerales. Pero esta vez no se trata de las víctimas de las repetidas desgracias propias de su calamitoso reinado sino del de un familiar allegado, su anciana tía Irene Schleswig-Holstein Sonderburg Glücksburg, más conocida como la tía Pecu, que padecía graves problemas de salud por lo que ya se esperaba el desenlace. La muerte física porque la mental ya parecía que se habría producido con antelación. Es un tópico muy manido pero cierto. La muerte es lo más democrático y seguro  que existe y nos termina afectando a todos no obstante los apellidos sonoros y los privilegios o infortunios, los logros o los fracasos personales que te haya podido ofrecer la vida. Descanse en paz.  

Pero la celebración del funeral en Atenas no ha podido disimular la situación actual de los Borbones y nos ha mostrado una imagen más bien desoladora, de auténtico fracaso humano con unas trazas de familia rota y desestructurada, radicalmente enfrentada, que parecen irreversibles.

Con el aducido pretexto de que el viaje hasta Grecia era muy largo, el rey desterrado no asistió al acto, vetado al parecer por su nuera con el consentimiento de su propio hijo. 

Quedó patente sin posibilidad de disimulos la existencia de dos grupos divididos y enfrentados. Por un lado Felipe, Leticia, Leonor y Sofía. Del otro, todos los demás. 

La reina Sofía apoyada por sus hijas se mostraba muy afectada por la muerte de su hermana. En ese grupo iban los sobrinos nietos y en especial lrene Urdangarín y Borbón, hija de Cristina e Iñaki y ahijada de la finada y también su especial heredera. 

Ha llamado la atención que la fallecida hubiese desheredado a las empoderadas hijas de su sobrino, Leonor y Sofía, lo que se pueda achacar probablemente a la notoria desafección con que tratan a su abuela la reina doña Sofía incluso en público.  

La situación de los Borbones tiene un interés más acá de la anécdota o el cotilleo de las peripecias de royals y otros encumbrados porque no deja de ser simbólica de la propia triste realidad española actual y el penoso estado de sus élites más conocidas. De no ser un clásico  “todos contra todos”, los más privilegiados desprecian o reniegan de los otros, los menos. De la antigua unidad cada vez va quedando menos en un proceso de deterioro difícil de revertir. 

Todo un fracaso en lo personal pero también como convivencia en común.

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