Por Alex Díaz
España, año 2026.
Una sociedad que finge normalidad mientras se pudre.
Aparenta civilización, pero vive anestesiada.
Borrega. Sumisa. Domesticada.
Un rebaño obediente que camina hacia el matadero convencido de que avanza hacia el progreso.
Nos encontramos en pleno cambio de paradigma global. La llamada nueva revolución industrial no tiene como objetivo liberar al ser humano, sino hacerlo prescindible. El plan es simple: eliminar al 80 % de la población y sustituirla por máquinas con inteligencia artificial. Máquinas que no enferman, no protestan, no votan, no se reproducen y, sobre todo, no se rebelan.
El esclavo perfecto.
El sueño húmedo del poder.
Imaginen el mundo que nos prometen:
Sin religión.
Sin política real.
Sin competencia.
Sin disidencia.
Un planeta convertido en granja, gobernado por una élite minúscula, donde la mayoría de la humanidad ha sido eliminada o confinada, exactamente igual que los anglos hicieron con los nativos de Norteamérica.
Hoy esas reservas humanas se llaman ciudades de 15 minutos.
Eso es la Agenda 2030.
No un plan de desarrollo.
No un proyecto humanista.
Sino un zoológico humano perfectamente gestionado.
Lo verdaderamente obsceno no es el plan.
Lo obsceno es la cantidad de imbéciles que aún creen que pueden encontrar una solución política dentro de un sistema creado por el propio Cábal.
Pretender que el sistema se reforme a sí mismo es un error infantil. Pedirle al verdugo que te libere es una fantasía patológica.
Este sistema existe para una sola cosa: mantenerte esclavo.
Está construido sobre una burocracia parasitaria que no produce nada, no crea nada y no protege a nadie.
Su método es siempre el mismo:
crear el problema, empeorarlo y después vender la “solución”.
La iniciativa privada ha sido exterminada.
La libertad económica, abolida.
España es el ejemplo perfecto: un Estado hipertrofiado, una función pública fuera de control y miles de negociados inútiles cuya única razón de existir es regular hasta el último aliento del ciudadano.
Normas imposibles de cumplir.
Impuestos imposibles de pagar.
Todo diseñado para destruirte.
Mientras tanto, las políticas migratorias rozan lo criminal.
A los europeos se les adoctrina para no tener hijos.
A los inmigrantes africanos introducidos masivamente en Europa se les subvenciona, se les incentiva a reproducirse y se les mantiene con los recursos saqueados a los europeos que aún trabajan.
No es incompetencia.
Es ingeniería social.
España no está cometiendo errores.
Está ejecutando un suicidio programado.
Si eres inmigrante africano o musulmán, el Estado te garantiza ayudas. Si además eres musulmán, se financiará tu religión, tu reproducción y tu parasitismo.
Si eres español, se te exprimirá fiscalmente mientras se te ofrecen “derechos” que en realidad son armas demográficas y culturales: aborto como derecho, disolución identitaria como progreso, degeneración moral presentada como libertad.
Todo envuelto en colores, slogans y propaganda.
Y la masa lo acepta.
NPCs obedientes.
Ganado dócil.
Goyim, como nos llaman quienes nos desprecian.
Entremos en el núcleo del plan.
La introducción masiva de población árabe y africana no busca integración. Busca sustitución.
Busca la destrucción de la etnicidad europea.
El objetivo final es provocar un conflicto en Europa.
No será Rusia.
Será la propia Comisión Europea la que active el mecanismo.
El resultado esperado:
una reducción del 80 % de la población europea.
El 20 % restante será una población nueva: mestiza, desarraigada, sin identidad, sin historia y sin capacidad de resistencia.
Un rebaño dócil para una granja global.
Este plan no es nuevo.
Lleva décadas gestándose.
Puedes llamarlo Plan Kalergi o como prefieras.
Los amos ya no nos necesitan.
Europa será un zoológico.
Y frente a eso solo hay dos opciones:
Aceptar la extinción.
O REBELARSE.

