miércoles, enero 7, 2026
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En Defensa de la buena magia

Por Alfonso de la Vega

La siniestra Von Leyen exige a España acabar con la fiesta de los Reyes Magos. No puedo estar en más desacuerdo como con todas las demás fechorías de esta infame fhüresa. La festividad de Reyes se encuentra para mí preñada de nostalgia por un tiempo precioso lleno de amor y bondad. Cuando era niño vivía en el madrileño Barrio de las Letras, en la calle del Amor de Dios, cerca de la Real Academia de la Historia. Un nombre muy bonito y si no infinito, al menos descomunal para una calle tan humilde o pequeña. En Madrid no es la única calle con tal paradójico desequilibrio entre concepto y tamaño, así por ejemplo la calle Libertad. No sé porqué será. La Fiesta de Reyes también hacía mucha ilusión a mis padres que en tal noche mágica salían a cenar fuera de casa con unos amigos, mientras mi hermana pequeña y yo quedábamos al cuidado de mi abuela tomando el roscón. Lo comprábamos recién hecho en un obrador próximo: el horno de Santa María. Cuando pese a la ansiedad a nosotros ya nos había vencido el sueño, a su regreso de la cena tras dar una vuelta por la Plaza Mayor paseando para hacer tiempo por una ciudad más entrañable y acogedora que la multiculturalista y multirracial actual, era el esperado momento de la colocación de los juguetes y obsequios.  Ponían algunas notas explicativas o con consejos. Y el platito con exquisito mazapán de Mora de Toledo del fabuloso artesano casa Indalecio y las copitas de bebida para reyes, pajes y camellos. Luego, ya por la mañana un día especial en el que sol amanecía antes, la emoción de comprobar la generosidad de SS MM, abrir paquetes y elegir con qué jugar primero. “Los reyes son los padres”. Tan desconcertante y al principio terrible descubrimiento acababa una etapa de feliz inopia infantil pero abría la de complicidad con el disimulo a favor de los hermanos más pequeños.

Mucho tiempo ha pasado desde entonces aunque quedan los recuerdos, los fantasmas, de una etapa entrañable que ya se fue, como toda una civilización que ahora agoniza entre la complicidad e incomprensión de quienes sufren esta calamitosa mutación, una deserción en toda regla. Pero siempre, mientras viva, en mi corazón republicano quedará la emocionada gratitud a los Reyes Magos de Oriente, forma magnífica y preciosa del amor paterno filial. Las conmemoraciones de la Navidad nos llevan a la conciencia buena parte de nuestro inconsciente. Quizás sea esa una de las razones por la que para algunos suponen unos momentos especialmente odiosos. Pero se trata de llevar la paz a los corazones. Dentro del Arte sagrado la iconología de los Nacimientos o Belenes puede considerarse una variante menor, de carácter algo tópico, con sus figuritas típicas, pero que sin duda despierta en el observador todo un mundo de emociones, muchas de ellas recuerdos nostálgicos de la infancia, de una suerte de inocencia habitualmente lejos de los problemas de los adultos. Una inocencia que hoy está siendo atacada y violentada.

La leyenda de los magos contada por San Mateo no encaja tampoco bien con la narración evangélica de San Lucas. A mi forma de entender lo importante no es aquí la fiabilidad histórica sino la vigencia del mito, en el antiguo sentido griego de forma de expresión de una realidad espiritual. De la conmoción íntima que anima a dirigir nuestras conductas hacía el Bien, el Amor, la Belleza… Es la adoración de la ternura, de lo Bueno, de la Maternidad, de lo aparentemente débil en su pureza, lejos del Mal. El Poder al servicio o subordinado del Espíritu. Y también es importante el cómo. Porque la formación del Belén y hoy con los reyes rodeando ya al Niño es una manera de participar en esta manifestación de lo sagrado. De colaborar humildemente en la obra magna de redención y salvación. El Belén tradicional fue promovido por San Francisco de Asís en el siglo XIII y alcanzó gran popularidad en Italia, Francia, Austria y España. Aquí fue introducido por Carlos III que lo trajo de su reino de Nápoles. La geografía de los Belenes suele muy imaginativa y no muy coherente con la propia de Palestina y suele quedar al albur de la imaginación y los medios del belenista. Todo era o parecía tradicional, entrañable y ajeno a los tenebrosos e inconfundibles logros de la nueva subnormalidad posmoderna que los Poderes intentan meternos por los ojos y obligarnos a aceptar. Toda esa gente desquiciada, de conciencia desbaratada a la que la molesta el Belén y si puede prohíbe o desnaturaliza despóticamente esta manifestación tradicional y popular de Arte sagrado. Pero, ¿por qué les molesta tanto? Como he indicado puede ser obra del inconsciente emponzoñado pero también un intento de ridiculizar y acabar con la naturaleza sagrada del hombre potenciando su parte oscura. La familia está en obsolescencia programada por el Poder puesto que no deja de ser un obstáculo a la barbarie y sinrazón como lo es la propia condición sagrada del hombre, a la que los benéficos reyes magos reconocían y servían.

POST SCRIPTUM

Pudiera acabar aquí pero aunque la palabra magia tiene hoy mala prensa no siempre fue así. Un estudioso notable del tema fue el jesuita Francisco Torreblanca Villalpando, sobrino del estudioso del simbolismo esotérico de El Escorial y probable pariente lejano cordobés de Cervantes. Su obra más famosa es el tratado de magia: Epitomes Delictorum Inquisibus Aperta Vel Oculta Invocatio Daemonis Intervenit,. Pero el P. Torreblanca se vio obligado a redactar en su defensa y de las objeciones o “advertencias” puestas a su libro un texto de Respuesta analítica de treinta folios. En el capítulo primero de esta Respuesta, titulado De la excelencia de la Magia, y de la necesidad que hay de las letras humanas, para las divinas afirma que “siendo los libros de la Magia, los que tienen primer lugar en el mundo después de la Sagrada Escritura, porque tratan de todo lo divino y humano cerca del conocimiento de Dios, de la inmortalidad del alma….porque la Magia es ciencia divina, y natural, …Porque la Magia fue la ciencia de las ciencias, (que ello quiere decir en la voz Pérsica), la majestuosa, la magistral de todas ellas, de quien penden, como de su principio, dándolo a los demás, según el gran Philón. Por lo cual en los primeros siglos no podían ser reyes ni jueces, si no hubiesen estudiado la Magia. Porque los Magos no son encantadores como algunos piensan sino los sabios y letrados del mundo… Pero como el diablo se desvela tanto en depravar todas las obras buenas y santas: esta que lo es tanto, la ha ido contaminando, mezclando en su lugar la vanidad, la superstición. Y como la fuerza de la mentira sea el parecerse tanto a la verdad, siempre se ha tenido por muy dificultoso el diferenciar la una de la otra, y dar a entender sus engaños al mundo …y decir el curioso que es prohibido el indagar las cosas divinas, es error manifiesto, y que no está dos dedos de herejía…”

Malos tiempos cuando la mayoría reniega del Espíritu y confunde una con otra magia. No cree en los reyes magos pero sí en la “democracia” o en la IA; instrumentos diabólicos empleados para la servidumbre ¡Vivan para siempre los reyes magos!

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