Pere Navarro lleva décadas ocupando cargos públicos, pero su nombre se asocia casi exclusivamente con la Dirección General de Tráfico (DGT), donde ha sido director en dos etapas: de 2004 a 2012 y desde 2018 hasta la fecha. Siempre bajo gobiernos del PSOE (primero con Zapatero y ahora con Sánchez), su gestión se presenta oficialmente como «técnica» y orientada a la seguridad vial. Sin embargo, para millones de conductores españoles, representa un enfoque autoritario, dictatorial, intervencionista y, sobre todo, recaudatorio que ha convertido la movilidad cotidiana en una fuente constante de multas, restricciones y mucha, mucha frustración.
Navarro, nacido en Barcelona en 1952, entró en la DGT en 2004 gracias al gobierno socialista de José Luis Rodríguez Zapatero y permaneció hasta 2012, sobreviviendo a varios ministros del Interior. Tras el paréntesis del PP (periodo en el que ejerció como consejero de Empleo y Seguridad Social en la Embajada de España en Marruecos), el catalán regresó en 2018 con Pedro Sánchez y Fernando Grande-Marlaska. Esta fidelidad partidista no es casual: sus políticas encajan perfectamente con la agenda progresista de restricción al vehículo privado, promoción de la «movilidad sostenible» y endurecimiento normativo. Frases como «mover 1.500 kilos de coche para transportar a una sola persona es un lujo insostenible» o «los coches en el futuro serán compartidos o no serán» resumen su visión: el automóvil individual es un problema que hay que combatir, no un derecho o una necesidad.
El carnet por puntos, implantado en 2006 durante su primer mandato, es el buque insignia de Navarro. Oficialmente nos contaron que redujo las muertes en carretera de forma drástica, pero para muchos conductores, fue y sigue siendo una medida dictatorial y recaudatoria disfrazada de seguridad: Es un sistema punitivo que quita puntos por infracciones menores (uso del móvil, exceso leve de velocidad), obligando a pagar cursos de recuperación carísimos (400 euros o más) para recuperarlos. Por no mencionar que genera un flujo constante de sanciones que engrosan las arcas públicas, mientras el conductor se siente castigado permanentemente. En foros y redes, se le calificó como «la mayor chorizada de la historia», con acusaciones de que la DGT actúa como «Dirección General de Tributos». A día de hoy, el carnet por puntos sigue siendo el ejemplo perfecto de un director que prefiere multar antes que invertir en seguridad y mejorar las infraestructuras de verdad.
Balizas V16: el «timo del 2026». Como saben, la polémica más reciente (y explosiva en 2026) es la obligatoriedad de la baliza V16 conectada desde el 1 de enero, que sustituye a los triángulos de emergencia. Navarro la vendió como un «salto adelante» para evitar atropellos al colocarlos, pero la realidad ha sido un desastre: Multitud de vídeos virales demuestran que la luz apenas se ve en curvas, de día o con mal tiempo; algunos conductores dicen «casi me como el coche» por no detectarla. La Guardia Civil expresó dudas sobre su eficacia real.
La empresa inventora recibió millones en ayudas públicas y disparó sus ingresos un 1005% tras la norma, disparándose las acusaciones de enchufismo y negocio montado, lo que se investigará en su día como el «caso balizas», al tiempo…
Inicialmente se amenazó con multas de 80 euros por no llevarla o no usarla, aunque luego se habló de «periodo razonable» de flexibilidad y la DGT ha tenido que recular permitiendo los triángulos complementarios.
En las redes sociales se la llama «el timo del 2026», con peticiones masivas de dimisión de Navarro por imponer un dispositivo caro, ineficaz y obligatorio que genera más IVA para Hacienda que seguridad real.
Radares, multas y el estigma recaudatorio. La proliferación de radares fijos, de tramo y móviles bajo su mando ha disparado las sanciones (millones anuales). Navarro defiende que «qué menos que levantar el pie cuando pasas» y que las multas son «pedagógicas», pero los ciudadanos lo vemos de otra forma: Radares en sitios dudosos, lejos de puntos negros reales, solo para cazar. Eso sí, las carreteras ya parecen tercermundistas dada la cantidad de baches, socavones y agujeros que tienen.
En definitiva, tenemos a un director que ha perdido por completo el contacto con la realidad. Es el rostro de una DGT convertida en máquina recaudatoria que complica la vida diaria y trata al conductor como sospechoso permanente.
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Vídeo de Pere Navarro con lo que ha soltado este miércoles sobre viajar al centro de las ciudades
(Por Lourdes Martino)

