jueves, enero 29, 2026
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El mejor y el peor marketing del mundo en Madrid Fusión

El mejor y el peor marketing del mundo han compartido pabellones en Madrid Fusión. La sonrisa y la amabilidad han sido la constante en esta feria en la que todos queremos tender puentes para dar la mejor experiencia posible a las personas que están buscando la mejor gastronomía posible. Insistimos en que la calidad hay que pagarla y que lógicamente comer bien se está convirtiendo cada vez más en un lujo, por culpa de las medidas inquisitorias y requisitorias del Estado socialista que tenemos, sin importar que esté el PP o el PSOE en La Moncloa, pero darle a nuestro cuerpo la mejor comida posible sigue siendo la mejor inversión posible. Porque entre otras cosas nos vamos a ahorrar en tratamientos médicos cuando nos pongamos enfermos con la basura de comida que tenemos tan accesible y tan supuestamente barata en los supermercados.

Aquí estoy, probando los mejores aceites de Jaén.

Pero, tú, ¿qué tienes?

También hay que contar una tendencia un poco lamentable de algunas personas que están exponiendo en la feria y que tienen una actitud que deja mucho que desear, tanto en lo personal como en lo comercial, a la hora de recibir a la gente que va pasando por sus mesas. Curiosamente, tanto mi amigo peruano como yo habíamos pasado por la misma experiencia con el mismo expositor cuando lo estábamos comentando.

Pero, tú, ¿qué tienes?

Ése parecía ser el saludo más educado para algunas personas. Sin saber ni cómo te llamas ni tener ningún interés en nada más que en tu negocio, para venderte lo que ellos hacen. Como si les molestara que pudieras pasar por allí a tomar un trocito de queso minúsculo o una pequeña dosis de una crema o de cualquier cosa.

Una paella fue entrevistada en directo en el apogeo de la feria.

Vivo debajo de un puente y me apetecía venir a por esa dosis de queso minúscula que me das

La verdad es que para el próximo año me he apuntado una frase, por si vuelvo, si Dios quiere, como respuesta lógica a una salutación tan impertinente.

Pues mira, es que vivo debajo de un puente y me apetecía venir a alimentarme de una dosis de queso minúscula que me das para probar. Espero que tengas la gracia de dejarme de probar un poquito de tu queso gratis ya que no puedo pagarlo. ¿Te he dicho ya que estoy viviendo debajo de un puente y que no tengo un duro?

Yo por lo menos no entiendo cómo puedes ir a una feria de empresas a dar a conocer tu producto y ponerte en plan tacaño a impedir de todas las maneras posibles que nadie pueda tomar una pequeñísima dosis del mismo para hacerse una idea de si está rico o no. Y estamos hablando de personas que están en una feria cuyo precio mínimo por día es de 100 euros y que lógicamente vienen de empresas para hacer sus compras y ventas a otras empresas que están exponiendo aquí.

Una bella azafata sirvió unos ricos bombones ecuatorianos.

¿No se supone que estamos aquí para conocernos y ofrecer lo que tenemos?

También se veían algunas fiestas privadas en las que parecía que el común de los mortales teníamos prohibida la entrada y resaltaba en concreto el caso de un puesto de comida italiana que parecía blindarse ante la posible llegada de mendigos externos y forasteros.

Como experto en marketing y en comunicación la verdad es que me cuesta bastante asimilar que haya personas que paguen una pasta por ir a exponer a una feria en la que otros profesionales también pagan una pasta por asistir y ponerse en plan rácano, como si fuera una jornada de puertas abiertas en la que van los muertos de hambre y desoficiados a ver si les dan un trocito de queso o de jamón. Pero nadie me va a quitar el gusto de responder semejante cosa cuando tenga el gusto de repetir el año que viene o cuando sea.

Mire usted: le voy a decir la verdad. Yo no he pagado 100 euros para venir aquí ni me han invitado ni nada. La verdad es que yo vengo de un campamento de acogida para mongólicos sin techo y no tengo un duro, pero esperaba poder alimentarme con un trocito de queso de medio gramo de su cosecha hasta que me puedan dar de comer en Cáritas.

Ricos chocolates de Valencia servidos con amor.

Dejar la armadura de tacaño y de anormal en casa para la mejor experiencia

No era yo el único extrañado con este comportamiento absurdo y ya os digo que en este caso de un valenciano, que estaba allí exponiendo miel y queso y no sé qué más cosas, el tema de ser un borde para empezar debía ser una estrategia que él piensa que le puede funcionar. Y a mi amigo de Perú le pasó exactamente lo mismo y se quedó igualmente extrañado ante semejante actitud.

No aprendamos de estos malos ejemplos y tengamos en cuenta más bien la experiencia que yo creo que todos podemos tener de que cuanto más des a conocer tu producto y más amable y más comunicativo seas mejores resultados comerciales tendrás. Definitivamente hay gente que no sabe a qué va cuando se dirige a una feria de este tipo, donde el objetivo único y fundamental es hacer contactos con otras personas y dar a conocer lo que tienes y conocer lo que otros te pueden ofrecer, dejando la armadura de tacaño y de anormal en casa para la mejor experiencia y los mejores frutos posibles.

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