En 1998, el periodista estadounidense Gary Webb publicó Dark Alliance: The CIA, the Contras, and the Crack Cocaine Explosion, un libro que amplió su explosiva serie de artículos periodísticos aparecidos dos años antes en el San Jose Mercury News. Esta obra se convirtió en uno de los trabajos de investigación más polémicos de finales del siglo XX, al alegar conexiones entre la Agencia Central de Inteligencia (CIA), los rebeldes nicaragüenses conocidos como Contras y el auge de la epidemia de crack en las ciudades estadounidenses, particularmente en Los Ángeles.
La génesis del libro se remonta a 1996, cuando Webb publicó la serie titulada «Dark Alliance». En ella, basándose en testimonios, documentos desclasificados y entrevistas, argumentaba que una red de traficantes de cocaína vinculados a los Contras —el grupo paramilitar respaldado por la administración Reagan para combatir al gobierno sandinista en Nicaragua— había introducido grandes cantidades de cocaína en Estados Unidos durante los años 80. Parte de las ganancias de estas ventas, según Webb, se destinaban a financiar a los Contras, en un momento en que el Congreso estadounidense había prohibido la ayuda directa.

Figuras clave en la narrativa de Webb incluyen a Norwin Meneses, un narcotraficante nicaragüense; Danilo Blandón, un exiliado que colaboraba con los Contras y suministraba cocaína; y «Freeway» Ricky Ross, un distribuidor en Los Ángeles que convirtió gran parte de esa cocaína en crack, alimentando la devastadora epidemia que azotó principalmente a comunidades afroamericanas.
Webb no afirmaba que la CIA traficara directamente drogas, pero sugería que la agencia sabía de las actividades de estos traficantes —muchos de los cuales eran informantes o aliados— y las toleró o incluso protegió para no comprometer sus operaciones encubiertas en Centroamérica. El libro expande esta tesis con más evidencia, incluyendo grabaciones de la DEA y testimonios judiciales, y dedica capítulos a la reacción mediática que siguió a la serie original.
La publicación de «Dark Alliance» desató una tormenta. Inicialmente, la serie se viralizó en internet (algo novedoso en 1996), generando protestas en comunidades negras y investigaciones congresionales lideradas por figuras como la congresista Maxine Waters. Sin embargo, grandes medios como The Washington Post, The New York Times y Los Angeles Times contraatacaron con reportajes que cuestionaban la solidez de las conexiones directas con la CIA y acusaban a Webb de exagerar el impacto en la epidemia de crack. En 1997, el propio editor del Mercury News, Jerome Ceppos, publicó una carta retractándose de aspectos de la serie, lo que llevó a Webb a renunciar.
Investigaciones posteriores de la CIA y el Departamento de Justicia (en 1998) concluyeron que no había evidencia de una conspiración institucional para introducir crack en EE.UU., aunque admitieron que algunos aliados de los Contras estaban involucrados en narcotráfico y que la agencia no siempre actuó con diligencia. Críticos como David Corn o Michael Massing reconocieron que Webb tenía base en algunos hechos (como el flujo de dinero a los Contras), pero lo acusaron de sobrestimar el papel de la CIA.
El impacto de Dark Alliance fue profundo y duradero. Ganó premios alternativos como el Firecracker Book Award y fue finalista en categorías de libertad de expresión. En 2014, su historia inspiró la película Kill the Messenger, protagonizada por Jeremy Renner. Trágicamente, Gary Webb se suicidó en 2004, en medio de dificultades profesionales y personales derivadas de la polémica.
Hoy, el libro sigue siendo un referente en debates sobre periodismo investigativo, responsabilidad gubernamental y el costo humano de las políticas exteriores estadounidenses. Aunque polémico Dark Alliance recuerda cómo una sola investigación puede desafiar narrativas oficiales, incluso a un alto precio personal para su autor. Para quienes buscan entender las sombras de la Guerra Fría en suelo americano, esta obra permanece esencial.

