Por Alfonso de la Vega
Los combustibles fósiles (petróleo, carbón y gas natural) proporcionan en torno al 80% de la energía primaria mundial. Según la Agencia Internacional de la Energía, este porcentaje disminuirá poco en el futuro, ya que todos los países los necesitan ya sea para superar la pobreza o para mantener su nivel de vida. El objetivo de «neutralidad de carbono», fijado para 2050, conduciría de hecho a los países occidentales al declive económico y al empobrecimiento, mientras que las demás no se limitarían. De modo que las supersticiosas teorías sobre el supuesto calentamiento global además de no estar soportadas por un verdadero conocimiento científico nos llevan a la ruina y el desastre. Algo parecido al estúpido suicidio sectario de Jones y sus seguidores en la Guayana.

Hace pocas semanas fuerzas oscuras incluso indujeron al Papa a hacer el ridículo con lo del Vaticano on the rocks, con un bloque de hielo haciendo las veces de piedra bruta simbólica a transformar, pero lo de la religión calentológica con sus corolarios de ruina asegurada e invasiones incontroladas de islámicos no termina de cuajar incluso ante el público dócil y oportuna y machaconamente adoctrinado que sin embargo tiene ojos en la cara para ver lo que pasa por mucho que lo manipulen o disimulen.
La Meloni ha puesto pies en pared sacando los colores a la fhüresa y su belicoso Goering democristiano al que le desmontó con números y argumentos su última apuesta por la ruina europea. Se une así a otros líderes patriotas europeos como el húngaro Orban o el presidente eslovaco que reclaman que la degenerada UE se dedique a intentar solventar problemas de los ciudadanos europeos en vez de a crearlos a beneficio del globalismo agendista del Cuarto Reich.

Incluso el propio satánico Bill Gates ha reconocido que “el calentamiento global no conducirá a la desaparición de la humanidad», y muchas grandes corporaciones relegan lo del cambio del clima climático y el calentamiento global para otras futuras oportunidades de lucrativa mercadotecnia. Un cartel financiero como la Alianza Bancaria Net Zero ha cerrado después de que los más importantes bancos lideraran una salida masiva. La Ford ha anunciado que va a cesar la producción de camionetas eléctricas invendibles. La fhüresa von Leyen, ante el desastre de la industria automovilística alemana que está cerrando fábricas, se ha visto obligada a anunciar moratorias en la prohibición de los motores de combustión interna planificada para 2035. No queda más remedio que recular aunque se intente salvar la cara.
Por tanto, una de las variantes básicas de la presente coyuntura es el retroceso de la fe en la impostada religión calentológica que tantos estragos está produciendo al contribuir a la ruina de la agricultura, la industria y la economía europeas. Lo que en verdad es superstición es desatender o intentar ignorar las relaciones entre energía y sociedad. Ignorar que el BOE no puede atacar las leyes de la Termodinámica sin que el asunto tenga nefastas consecuencias. El proceso de sustitución energética perpetrado por la actual UE y seguido por el desquiciado gobierno español choca con las leyes de la naturaleza pero también con la satisfacción de las necesidades sociales. Las ya existentes y las que se quieren implantar que han devenido en fundamentales para el futuro del tinglado como la IA.
Las cosas están cambiando y una de los debates clave de hoy es el de la «burbuja de la IA», la burbuja del mercado bursátil surgida como consecuencia del rápido desarrollo de la inteligencia artificial en Estados Unidos y otros países del mundo. Las inversiones y las expectativas en torno a la IA están creciendo más rápido que las posibilidades reales de la tecnología. Las inversiones de las empresas tecnológicas en IA están aumentando. La capitalización bursátil de las empresas crece aún más rápido y aumenta la afluencia de capital de los inversores.. Sin embargo, las ganancias son aún pequeñas o nulas. El caso recuerda la caída de las «puntocom» o el pufo generado en el sector eléctrico español por un programa nuclear demasiado ambicioso que tuvo que ser rescatado por el contribuyente con pretextos medioambientales gracias al gobierno socialista. Todo el emergente tenderete de la IA pudiera tener sus píes de barro en el suministro eléctrico.
En efecto, hay un asunto estratégico al que no se suele prestar mucha atención en la España de los escándalos. La IA consume mucha electricidad. Como ocurre con el problema de la refrigeración de las centrales nucleares los potentes servidores de los centros de datos desprenden mucho calor y necesitan agua disponible en abundancia. Y no sólo consumen una enorme cantidad de electricidad, también exigen una disponibilidad eléctrica total del 100 %, las 24 horas del día. No se pueden permitir un apagón o c fallo en el suministro de electricidad. Los centros de datos se alimentan de la red y disponen de sistemas de emergencia convencionales propios. Un escandaloso apagón como el del 28 de abril de 2025 en España debido a las renovables sería desastroso. Sí, un corte que afecte a una red informática, y más aún a las aplicaciones de IA tendría importantes consecuencias de manera que los agentes de la IA y del sector digital buscan soluciones fiables y estables. Incluso dispuestos a pagar una prima por la mayor fiabilidad, prefieren sobredimensionar su capacidad. Por tanto descartan la energía solar y eólica para el suministro básico. El problema fundamental de la energía eólica y solar además de su relativa flacidez y desconcentración espacial es su intermitencia, lo que la hace inviable para un servicio garantizado. En la UE, el factor de carga medio de la energía eólica es del 25 % y el de la energía solar del 12 %. Esto significa que, la mayor parte del tiempo, estas instalaciones en realidad no producen electricidad. Y no se puede construir una economía sobre bases tan inestables, por no hablar de los costes derivados. Aunque el “combustible” sea gratuito, el convertidor energético necesario sea molino o panel no lo es ni en recursos ni en dinero.
Probablemente asistamos al intento de dar un nuevo empuje a la energía atómica con la construcción de nuevas centrales, lo que lleva enormes necesidades de capital y tiempo. En todo caso, a corto y medio plazo la solución es la producción térmica no nuclear, sobre todo por ciclo combinado, de modo que serán las centrales térmicas las que hagan funcionar los servidores. Contrariamente a una idea extendida, el consumo mundial de energías fósiles sigue aumentando, y la IA acentuará esta tendencia al impulsar la demanda de electricidad. Pese a la propaganda engañosa las emisiones mundiales de CO2 aumentarán. La aportación de la UE a estas emisiones es muy pequeña, casi insignificante respecto al total mundial, de modo que aunque nuestros dirigentes consiguieran llevarnos a la Edad de Piedra apenas se notaría.
Lo que pasa cuando comenzamos el segundo cuarto del siglo XXI con la superstición calentológica recuerda dramáticamente los antiguos sacrificios infantiles a Moloch o el de la pobre Ifigenia a dioses inexistentes o incapaces de entenderlo. O más cerca en el tiempo a la secta de los flagelantes formada por gentes que mortificaban sus cuerpos a base de latigazos o flagelos para expiar sus pecados. De ahí su nombre. Estos flagelantes aparecieron en el siglo XIII en el Norte de Italia. En sus comienzos eran pocos pero tras la peste negra sus miembros aumentaron de manera espectacular ya que mucha gente creía que el fin del mundo estaba cerca. La diferencia principal es que los nuevos jefes flagelantes no se hieren a sí mismos sino que mientras no seamos sustituidos por robots se dedican a dar de latigazos a la clase media europea hasta dejar sus espaldas en carne viva mientras ellos viven opíparamente.

