La biblia nos habla de principados y potestades de demonios. En Efesios 6:12 se nombran los principados y potestades que gobiernan este mundo. El fin de estos seres oscuros no es otro que imponernos el mundo de las tinieblas para que las almas de los hombres se oscurezcan hasta quedar tan endiabladas como las que están en el poder, no nos engañemos.
Para conseguir su objetivo necesitan del arte del disfraz, del engaño, de la inducción del odio, de la venganza, mejor dicho, de la necesidad de la misma y de la incapacidad del perdón o de sentir amor por el prójimo, algo que consideran como el cianuro más venenoso y letal. Según la guía del satanismo, el odio es un sentimiento tan válido o incluso más que el amor, pues el no tenerlo en cuenta equivale a un proceso de represión muy peligroso; odiar, por ende, no sólo forma parte de la naturaleza humana, sino que sentirlo es algo natural, a modo de impulso que nos debería llevar a actuar bajo su impulso y sin necesidad de control, dado que, cuanto antes nos liberemos del mismo, estaremos más libres. El odio, además, se dirige hacia un objeto o una persona; hay que destacar que éste se produce en un estado de alta sensibilidad, en el que el satanista es tan receptivo a ciertas señales que su reacción es inmediata, hasta el punto de ser reflejo de su herida sin curar e impedir cualquier juicio racional sobre si le ocasiona algún prejuicio o las consecuencias de sus impulsos incontrolados, en el caso de dejarse llevar por ellos. Digamos que el impulso es el mismo cuando se defeca.
Cualquier razón de incomodidad, de frustración, de dolor emocional, de miedo irracional, de incomprensión ante el mundo, de incapacidad para protegerse contra los peligros porque el satanista cree que el mundo es un infierno y ha de protegerse y desconfiar de todo el mundo en todo momento, se convierte en motivo para que saque su rabia y desprecio y considere que el sujeto que provoca su malestar ha de ser eliminado, bien sea mediante la muerte o el sufrimiento lento que le lleve a su desaparición y el satanista no descansará hasta lograr su objetivo, pues el odio conlleva el proceso de la obsesión, de la preocupación constante, de la búsqueda de estrategias sin descanso y de no rendirse bajo ningún concepto. Es por ello que el odio borra al amor y lo hace no sólo imposible, sino que hace que sea considerado como un sentimiento inútil y peligroso para su existencia y supervivencia, sobre todo si se trata de conservar poder o bienes materiales.
Cuando el odio se generaliza, surgen los símbolos de quienes merecen ser víctimas de la tortura, lo cual provoca que se dirige a millones de personas sin sentido lógico alguno. Los símbolos que desprecia el satanista pueden ser físicos o no, reales o no. Entre los primeros destacan la cruz de Cristo, toda una blasfemia y una transgresión de la realidad, dado que viven en el mundo donde cualquier signo de la misma es la herejía que es manifestación del enemigo. Otro de los signos es la oración o que cualquier persona pida a Dios o le rece, muy peligroso pues provoca la presencia espiritual de un ente que anula los argumentos demoniacos de su religión de la muerte, pues todo lo que signifique vida, esperanza, respeto, empatía o solidaridad sencillamente los carcome, pues su único modo de vida es la destrucción, el miedo, el control, la manipulación y la muerte del enemigo que osó cuestionarlo (el mejor ejemplo es la prohibición del rezo ante las clínicas abortivas). Todo aquel que cree en el poder de Satanás, se cree destinatario de una fuerza que no es apta para el común de los mortales, que les hace pensr que tienen el control del universo, el cual está bajo sus órdenes en todo momento y bajo cualquier circunstancia y deseo. Es la idea del sometimiento de todo lo creado por Dios como una burla satírica.
Hablando de símbolos, la cruz de Cristo les molesta e incomoda como el ajo a los vampiros o el agua santa de las misas, sobre todo si es la más grande del mundo. Cualquier representación o templo a su enemigo creador del universo no es sólo abominable, sino que ha de ser destrozada, para que los cristianos se sientan completamente perdidos y ya no tengan imagen que perseguir o de donde recibir inspiración para sus vidas. El hecho de que desde 1931 se quemasen miles de iglesias y conventos en España bajo la orden pasiva de la segunda república, dirigida por el PSOE y otros partidos de izquierda no es ninguna casualidad. Se trataba de quemar la referencia cristiana del pueblo español y sustituirla por corrientes falsamente ateas que en realidad esconden la religión del satanismo. Y es que la complicidad del PSOE de aquella época es tan notoria que estas acciones duraron hasta que llegó Franco al poder, poniendo fin a la persecución de la religión cristiana. Se llegó y se llega incluso a definir una serie de códigos o de lenguaje para definir quiénes están a un lado y quiénes al otro de la barrera, es decir, una serie de ideologías políticas, asociadas a la lucha de clases, el conflicto y la destrucción social bajo la falsa justificación de la injusticia, o sentimiento de injusticia, el cual conduce al odio al que antes me refería. Dada la complejidad de esa falsa ideología, propia de sectas demoniacas y masónicas, es tan amplio el número de sus conceptos y relaciones caprichosas y delirantes que ha creado toda una red de pensamiento filosófico hacia el odio al ser humano que, de este modo, logran unir adeptos a sus sectas tan múltiples.
La izquierda no perdona a Franco, no perdona haber perdido la guerra civil, no perdona haber fallado en los planes de instaurar un estado comunista en España, bajo el encargo de Largo Caballero por parte de Stalin, tampoco que la masonería haya sido borrada de nuestro país durante casi 40 años y mucho menos que la torpeza, oquedad y falta de sentido de sus creencias, alimentadas exclusivamente por un odio rabioso y desmesurado sean puestos en evidencia, sobre todo que sus embustes salgan a la luz y que queden en el más absoluto ridículo. En su delirio, da igual que hayan pasado casi 90 años, ellos en su fantasía creen haber ganado la guerra que ellos mismos provocaron cuando decían que el socialismo se impondría por las buenas o por las malas, sobre todo cuando la CEDA ganó las elecciones en 1933, momento en el que juraron venganza incluso a las mismas estructuras repúblicas que ellos crearon, lo cual se observa en el alto número de asesinatos, represiones y acciones dictatoriales. Por lo tanto, la república no fue para nada democrática, al igual que ocurre ahora con el gobierno del dictador Sánchez.
Es esa misma obsesión la que conduce a querer destrozar la valle de los Caídos, en una fantasía absurda de que al cambiarlo de objetivo piensan, pobres ilusos, ganar la guerra del 36, en una actitud infantil, irracional, sin sentido y sin catadura moral ni intelectual que pueda explicar el sentido lógico de querer borrar parte de la historia y de reescribirla de manera soez y vulgar, al estilo chabacano e irrespetuoso que sólo se espera de auténtica gentuza, mientras ellos consideran que ser de izquierda es todo orgullo y que saben más que nadie. No olvidemos que el mal nos crea la fantasía que de somos sabios, a pesar de que nuestra ignorancia, ésa que no vemos, nos convierte en auténticos demonios.
Después la batalla será otra, tu libertad de creer o no, de expresarte o no, de amar u odiar, es decir, del control de tu pensamiento o de tus acciones, siendo mejor seguir las normas del buen satanista y ay de ti si optas por actuas como una buena persona en el nombre del sentido común y del amor, porque serás castigado y no harán falta sacerdotes diabólicos para eso, bastando con la inteligencia artificial que gobierne el planeta, mientras a las potestades sólo les quede disfrutar de sus placeres, incluyendo el dolor colectivo, sin hacer nada, todo por la gracia de Satanás.
Así que, españoles, levántense de sus asientos y reaccionen si no quieren vivir en el peor de los infiernos cuando ya sea demasiado tarde.