La Dirección General de Tráfico (DGT) ha vuelto a demostrar que su verdadera misión no es garantizar la seguridad vial, sino coartar la libertad de los ciudadanos bajo el pretexto de una supuesta sostenibilidad. Según una reciente publicación de la Cadena SER, la DGT planea complicar la circulación a los conductores que osen desplazarse solos en sus vehículos. Pere Navarro, director de este organismo, lo ha dejado claro con una frase que suena más a amenaza que a propuesta: “El futuro será compartido o no será”. ¿Qué significa esto? Que el gobierno, a través de la DGT, está dispuesto a imponer medidas draconianas que limiten nuestra movilidad individual, pisoteando derechos básicos en nombre de una agenda ecologista que huele a control social.
La noticia revela que la DGT pretende desincentivar el uso del coche privado cuando solo lleva un ocupante, alegando que “no podemos permitirnos mover cada día 1.500 kilos de vehículo para transportar a una sola persona”. Este argumento, que podría sonar razonable en un debate teórico, se convierte en una burla cuando lo analizamos desde la realidad cotidiana. ¿Acaso la DGT y el gobierno creen que todos los españoles tienen la posibilidad de coordinar sus vidas para compartir trayectos? ¿Qué pasa con quienes viven en zonas rurales, donde el transporte público es una quimera, o con aquellos cuyos horarios laborales no encajan con los de sus vecinos? La respuesta es sencilla: a las autoridades les importa poco. Su objetivo no es facilitar la vida de los ciudadanos, sino imponer un modelo de movilidad colectivista que castiga la autonomía personal.
Esta medida no es un hecho aislado. Forma parte de una estrategia más amplia que incluye las Zonas de Bajas Emisiones (ZBE), los impuestos al combustible y las restricciones crecientes al tráfico en las ciudades. Todo ello bajo el paraguas de la “sostenibilidad”, un término que el gobierno ha vaciado de sentido para convertirlo en una excusa para el control. La DGT, lejos de ser un organismo técnico al servicio de la seguridad, se ha transformado en una herramienta política al servicio de una ideología que desprecia la libertad individual.
Las palabras de Navarro son un ejemplo perfecto de la arrogancia burocrática que impregna esta institución. “El futuro será compartido o no será” no es solo una declaración de intenciones, sino una advertencia de que quienes no se plieguen a esta visión impuesta serán marginados. ¿Y qué alternativas ofrece? Ninguna concreta. Habla de carriles VAO (Vehículos de Alta Ocupación) y de incentivar el transporte público, pero omite que este último es insuficiente, caro y, en muchas regiones, directamente inexistente. En lugar de invertir en soluciones reales —como mejorar las infraestructuras o garantizar un transporte público eficiente—, el gobierno y la DGT prefieren castigar a los conductores, tratándolos como culpables de un problema que ellos mismos no han sabido resolver.
El cinismo alcanza su cota máxima cuando Navarro afirma que las ciudades “han llegado al límite” de su capacidad para absorber tráfico. ¿Y quién es responsable de ese límite? Décadas de abandono de las infraestructuras, de urbanismo caótico y de políticas que priorizan la propaganda verde sobre las necesidades reales de la población. Ahora, en lugar de asumir su fracaso, culpan al ciudadano de a pie y le exigen que renuncie a su coche, a su independencia y, en última instancia, a su dignidad.
Conducir solo no es un capricho, es una necesidad para millones de personas. Es la libertad de ir al trabajo sin depender de horarios ajenos, de visitar a un familiar sin pedir favores, de gestionar una emergencia sin esperar a que alguien te acompañe. La DGT y el gobierno parecen ignorar esto deliberadamente, o peor aún, lo saben y les da igual. Su obsesión por el coche compartido no responde a una preocupación genuina por el medio ambiente —si así fuera, abordarían las emisiones de la industria o del transporte marítimo, mucho más contaminantes—, sino a un deseo de moldear nuestras vidas según su visión autoritaria.
Este nuevo anuncio es solo una pieza más en el rompecabezas de restricciones que el gobierno lleva años tejiendo. Nos multan por circular con vehículos antiguos que no podemos sustituir, nos acorralan con normativas cambiantes que nadie entiende y ahora nos dicen que hasta ir solos en nuestro propio coche es un delito moral. ¿Qué será lo próximo? ¿Prohibirnos salir de casa si no lo hacemos en grupo? La deriva totalitaria es evidente: bajo la excusa del bien común, se nos despoja de derechos que deberíamos dar por sentados.
Mientras la DGT nos sermonea sobre la necesidad de compartir, los políticos y sus cortejos siguen moviéndose en coches oficiales, a menudo ocupados por una sola persona y financiados con nuestros impuestos. La élite que dicta estas normas no las aplica a sí misma. Ellos no comparten, no renuncian, no se sacrifican. El mensaje es claro: las restricciones son para el pueblo, no para quienes las imponen. Esta hipocresía debería indignarnos, pero parece que el gobierno confía en nuestra pasividad para seguir apretando las tuercas.
Es hora de decir basta. La DGT y el gobierno no tienen legitimidad para seguir restringiendo nuestra movilidad y nuestras libertades con medidas absurdas y desconectadas de la realidad. Conducir solo no es un crimen, es un derecho. Si quieren reducir la contaminación, que inviertan en soluciones prácticas y dejen de tratar a los ciudadanos como peones en su tablero ideológico. Mientras tanto, cada nuevo anuncio de la DGT no hace más que confirmar lo que muchos ya sospechamos: no trabajan para nosotros, sino contra nosotros. El futuro puede ser compartido, sí, pero no a costa de nuestra libertad. Que no cuenten con nuestra resignación.
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Los vendedores de maniquís se van a forrar
Ya lo han intentado en otro pais,no me recuerdo ahora cual,pero como bien dices ponian un maniqui de copiloto y al darse cuenta los de la DGT para joder han instalado ademas de camaras de vigilancia les han añadido tambien camaras termicas para detectar esta trampa,cuando les interesa tienen soluciones para todo.HDLGP
Esto huele a la famosas ciudades de 15 minutos que tanto añoran,HDLGP.
El Falcon que usa el Presidente,no se gestiona por la DGT.Tampoco es que gaste mucho!,también lo usan Irene Montero y la Díaz,para ir de compras…y se suele invitar a Abalos y llevar sus putillas.